sábado, 28 de enero de 2012

VIRTUDES DE LA NARANJA


Durante el invierno, cuando la naturaleza parece dormida, llega hasta nuestra mesa, desde las ricas tierras bañadas por el sol, un fruto maravilloso de color centelleante, de sabor dulce y ligeramente ácido: la naranja.

Este fruto ofrece, incluso en invierno, las vitaminas, las sales, los azúcares indispensables para nuestro organismo, especialmente en el período en que las verduras son más escasas.

De color anaranjado dorado, de aroma agradable, de fresco gusto acídulo, las naranjas no poseen solamente maravillosas cualidades para el paladar. Gracias a sus específicas características hay que considerarlas incluso medicinales. En ellas, los azúcares contenidos en las frutas y en las bayas son los mejores para la alimentación de personas ancianas. Datos químicos demuestran que tienen beneficiosos efectos sobre las funciones intestinales, eliminan los microbios dañinos, preservan de la obesidad.

En las naranjas abunda la celulosa, que es una sustancia muy útil para contribuir a la regularidad de las funciones digestivas y a la reducción de los procesos de putrefacción intestinal. Las sustancias pépticas, asociadas a la celulosa disminuyen la formación de gases y la absorción de sustancias perjudiciales. La pectina, gracias a su propiedad de transformarse en gelatina, con la adición de agua, ácido y azúcar, se usa frecuentemente en la industria de los dulces.

Las naranjas contienen también sustancias lipótropas (dotadas de la propiedad de prevenir y de remitir la patológica o exagerada acumulación de grasas en el hígado), tan necesarias al organismo humano como la inosita, reguladora del metabolismo de las grasas y del colesterol.

La utilidad de las naranjas es también confirmada por las altas dosis de vitaminas C y P, que refuerzan los vasos sanguíneos elevando su elasticidad. El citrus auratium contiene también ácidos orgánicos, en particular el ácido cítrico, necesario al organismo porque participa en importantes procesos químicos.

Al ácido cítrico se le atribuye una acción levemente antiséptica y astringente. Las naranjas dulces, en particular, por su buena cantidad de azúcares presentes sobre todo en los frutos maduros, son óptimos energéticos y aportan un discreto número de calorías dispuestas a ser consumidas rápidamente por nuestro organismo, siendo fácil su digestión. Para esta acción son indicadas, especialmente, bajo forma de jugo para los deportistas, los cuales, además de obtener un alimento energético, gracias al agua y a las sales minerales que contiene, pueden volver a la normalidad en breve tiempo el equilibrio hídrico-salino alterado por la abundante sudoración a la que se han visto sometidos.

Los zumos de los agrios son indicados en cualquier edad y estado fisiológico, salvo rarísimos casos de intolerancia digestiva.

La naranja, en su totalidad, además de aumentar la vitalidad de las células, tiene la propiedad de activar el metabolismo general y todas las funciones del organismo, es una preciosa fuente de energía y un insustituible factor de rejuvenecimiento general. Es rica, además, en magnesio, que, unido al fósforo, calcio y potasio, regenera las fibras nerviosas y es un agente muy activo contra las enfermedades, incluido el cáncer.