miércoles, 23 de octubre de 2013

¡CUIDADO CON LOS HUMANOS, Y CON ESA COSA TAN PELIGROSA QUE LLAMAN “JUSTICIA”!




Después de lo sucedido con lo de los “Jueces europeos de Estrasburgo” en la que se ordena soltar de la cárcel a toda una manada de criminales de los más diversos colores por aquello de unos supuestos “derechos humanos”, me acordé no sólo aquello de la maldición de la gitana de que “tengas muchos pleitos y los ganes”, sino también de aquello de que la justicia no es de aquí, sino de allá (indicando al cielo y haciendo referencia a Dios). ¿Y es que Dios tiene la justicia perfecta?, “bienaventurados los que tienen sed de justicia, porque ellos serán saciados” está escrito en La Biblia….¿por Dios, y cómo????. Y ahora esos jueces europeos que apelando a unos supuestos “derechos humanos” deja en libertad a asesinos, violadores y demás ralea de delincuentes de lo peor, ¿no les iría bien que les asesinaran y violaran a sus hijos y sus familiares?, y luego dar ejemplo de cumplir sus propias sentencias. “La ley es dura, pero es la ley” se dice siempre entre los ambientes de la judicatura.

Si es verdad aquello de “Justicia, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”, también podríamos decir ahora “Derechos Humanos”, cuántos crímenes se cometen en tu nombre (y los que vendrán en tu nombre, a la vista de tantas sentencias estúpidas, injustas, y que provocan daños irreparables y sus consecuencias colaterales).

La justicia puede ser más o menos mejorable según lo justos y sabios que puedan ser las personas que hacen esas leyes, pero nunca es del todo justicia, aparte de que es un elemento muy altamente corruptible, que depende mucho de las personas que la manejan, ya que muchas veces la justicia es “justicia según los intereses o conveniencias de”, con lo que cada cual en todas las épocas y lugares se cuecen la justicia a gusto del poderoso de turno que dicta la letra de esa ley. Pues no olvidemos la ley del Tailón, o cómo era por ejemplo, el código de justicia inglés en la Edad Media, y después de la Edad Media hasta llegar a la Revolución Francesa, en la que aquello más que un Código de Justicia, era un auténtico Código de Injusticia. Y no hablemos de la Inquisión, y demás tribunales parecidos. En países islámicos te cortan una mano por robar un melón, y en China si por cualquier razón te detienen y no te manifiestas culpable (aunque en realidad seas inocente) la condena a salirte puede serte mucho mayor. En la Antigua Roma no existían las cárceles porque no se toleraba la existencia de criminales y a quien delinquia se le mataba al instante tras el juicio o se le ofrecía la oportunidad de recuperar su libertad con los méritos que obtuviera como gladiador para el espectáculo de sangre de la plebe. Y también es curioso que el código de justicia  franquista era mucho más generoso, blando y humano, si se compara con la dureza y las penas más severas de los cada dos por tres reformados códigos de justicia de la actual democracia. 

 

¿Os acordáis de la película “Daño colateral” que interpretó Arnold Scharzenegger, en el papel de un bombero al que un terrorista indirectamente asesina a su mujer e hijo al colocar una bomba en un lugar público muy concurido y bien pensado el afectado decide hacerse la justicia por su propia mano, ya que nadie lo va a hacer por él?. Pues bien, el protagonista se estudia mucho su venganza y se prepara en todo lo posible, y al final sale en busca del culpable de la muerte inocente de su mujer e hijo y  busca tomarse la justicia por su propia mano (a pesar de que eso sea algo penalizado). Aunque eso es una película, el final termina feliz, e incluso ese “vengador justiciero por su propia cuenta” queda como un héroe que ha salvado a la humanidad, evitando males mayores.  Pero de aquí se aprende la lección de que no puedes esperar nada de la justicia, porque no existe la justicia ya que está sometida según intereses de turno donde soplen los vientos, y el que quiera justicia se lo tiene que tener muy bien currado y arriesgándose para la satisfacción de su venganza, que igual le puede salir bien o mal. Con lo cual si quieres justicia, te la tomas por tu propia cuenta, porque en muchos casos los tribunales no lo van a hacer por ti ni te van a dar las razones. Todo lo demás son tonterías, y además los criminales y sus abogados (también muy corruptibles) reyéndose delante de tus propias narices. Pero repito, quien quiera justicia, ande también con cuidado, porque la misma Justicia es una trampa que se te puede volver contra ti mismo, ya que no te consiente ningún tipo de justicia por tu propia cuenta, puesto que para la “Justicia”, la justicia es la propia justicia que hay vigente en cada momento, y además en manos del posible juez corrupto, degenerado, cruel o inmoral que puede cometer expresamente los errores, pues los hay que ni siquiera se leen los expedientes ni las pruebas tanto de acusados como de los que son acusación. En fín, que no hay justicia, puesto que nunca existe una justicia al gusto de todos, ni ninguna sentencia que de satisfacción (salvo que una de las partes haya salido muy favorecida).

¿Os acordáis también del mensaje navideño de Su Majestad que dijo que “todos somos iguales ante la ley”?. Pues eso sólo se lo creen los tontos. Nunca nadie es igual ante la ley, y sobretodo la balanza se inclina casi siempre a favor del más fuerte y el más poderoso, es decir, del que tiene más dinero para comprar voluntades corruptibles, y del que tiene la pistola apuntándote y presto a dispararte si no fallas a favor de sus intereses. Esa es la verdadera “justicia” que tenemos, y todo lo demás son cuentos. Si no no se explicaría que la justicia sea tan rápida según para que cosas, y tan lenta para todo lo demás, y también cómo en la cárcel hay tanta gente inocente, y en la calle tanta gente culpable que se ríe de todo.

Así que al igual que andamos con cuidado con los perros rabiosos, hay que andar también con mucho cuidado con los humanos, que en muchos aspectos son el peor animal de la Creación, y el que más daño es capaz de hacer a su semejante. Y también mucho cuidado quien busque justicia, porque se mete en un lodo del cual luego es muy difícil salir limpio y a salvo. Ya lo decía un viejo proverbio chino: “quien impone una querella, derriba un dique”, con todas las consecuencias desastrosas que eso conlleva.


En resumen, como dice el adagio español: “la justicia está muy bien, pero siempre lejos de mi casa”.