viernes, 16 de abril de 2010

VEREDICTO POSTERGADO DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL



Esos magistrados, que sin apenas hacer nada (si trabajo consiste tan solo en interpretar técnicamente si las leyes casan con la letra de la Constitución), y con unos sueldos fabulosos que son todo un insulto a todos los españoles, llevan ya unos cuantos años deliberando con el tema del estatuto catalán, y todavía ni se aclaran ni han decidido nada debido a las fuertes presiones políticas que reciben de todos los lados, como si quisieran ganar tiempo para dar por caducado su mandato, y de este modo pasar la patata caliente a los próximos magistrados que hayan de venir.

Y es que el tema es serio, muy incendiario políticamente, y por esa razón última esos profesionales del embrollo jurídico no saben qué partido tomar.

Cualquier inexperto aprendiz de juez lo tendría muy claro: es un texto completamente inconstitucional, y por tanto el veredicto debería de ser : condeno y anulo ese estatuto. Porque entre otras razones (y eso no lo dicen ni los periódicos ni la tele –medios totalmente manipulados-), ese estatuto es un texto totalmente chapucero en comparación a las líneas básicas que fija la Constitución. Fija una sociedad marcadamente discriminatoria en los derechos hombres-mujeres, con claro predomino de los derechos a favor del sexo femenino, discriminado muy sensiblemente al sexo masculino. Fija un sistema social que fractura a la sociedad civil catalana misma con un sector recibiendo unos supuestos beneficios sociales, y otro sector que ha de mantenerlo con toda la incertidumbre laboral que acompaña. Con solo estos dos ejemplos, ya son más que suficientes como para declararlo inconstitucional, conllevando a una reflexión sobre las consecuencias a los que nos ha traído el llamado Estado de las Autonomías donde en esa especie de 17 reinos de taifas, no se aclara si se debe de llamar nación, región, o cualquier otra palabreja para definir el territorio de competencia de cada uno de los 17 estatutos, que teóricamente se suponen enmarcados dentro de la propia Constitución.

Ciertamente hubo quien dijo que prefería una “España roja, antes que una España rota”. Pero entre tanto inmigrante que no tiene nada de sentimiento patriota, tanto político separatista tanteando su oportunidad, y tantas leyes chapuceramente embrolladas que ni las saben aclarar los podridamente bien pagados magistrados del constitucional, ¿cómo terminará desmembrada nuestra vieja España?, ¿llegará el día que tan sólo la encontraremos en los mapas de unos viejos libros de historia?, ¿continuará el Borbón como garante de esa ya de por sí frágil unidad española?. Con esa mezcla de ridículo y tragicomedia nacional la cosa está servida, agravada ahora por la crisis económica que ha castigado a millones de españoles. Veremos cómo termina, y qué precedente acaba sentando, porque siendo 17 comunidades, quejas van a salir por todos los lados, y ninguna va a querer tener menos privilegios que la otra.