domingo, 20 de junio de 2010

MUNDIAL DE FUTBOL EN SURAFRICA, RECORDANDO EL PLANETA DEL HAMBRE

Por esos días que con motivo del mundial de fútbol, el mundo está volviendo la vista hacia Sudáfrica, donde las multimillonarias estrellas galácticas del fútbol compiten por ceder un lugar de honor para sus respectivos países, pero olvidándose de algo muy fundamental que no deberíamos de olvidar en lo que representa África: que en muchos aspectos sigue siendo el continente de las hambrunas, de las guerras, de las enfermedades, y de la miseria.

En Sudáfrica precisamente mañana empieza oficialmente el invierno, en el que suele hacer buen sol durante el día, pero anochece pronto y refresca bastante. Sudáfrica es la esperanza del resto de África, con cierta frágil democracia y libertades, y con cierto nivel de renta que le ha hecho posible afrontar el reto del mundial de fútbol. En este caso ha lugar para un poco de filosofía, y en esto estoy en mi escrito de hoy. Se supone que hace más de 500 años fueron los portugueses, un pueblo de navegantes, tratando de buscar una ruta hacia la India, para crear una nueva ruta de las especies, los que se fueron a las lejanas tierras de la punta sur de África, por donde se fundaría la Ciudad de El Cabo (de las tormentas, o de buena esperanza, que igual se llama de las dos maneras), y luego los llamados "afrikaners", descendientes sobretodo de holandeses, pero también de los hugonotes franceses, los protestantes alemanes, y los anglicanos ingleses,...que de alguna manera intentarían occidentalizar esta parte tan alejada de su Europa original, aportando su arraigada mentalidad del esfuerzo y el trabajo duro. Y eso en una tierra de gentes de raza negra, de muy diversas etnias, y que hablan muy diversos idiomas, muchísimas veces tribus enfrentadas entre sí, como ocurre con el resto de toda África.

En este mundo nuestro tan tormentoso, tan insolidario, y tan hipócrita, que parece haber perdido el espíritu del esfuerzo, del sacrificio, de la energía para salir adelante,... lo que creo que necesita el resto de África para salir de su maldición milenaria: seria que la educación llegase a todos los niveles, que las libertades y la democracia alcanzaran a todos los ciudadanos, que se haga lo posible para que se den oportunidades de trabajo para todos con los que poder llevar una vida mínimamente digna y decente. Porque el hambre no se va a solucionar repartiendo bocadillos, medicinas y tiendas de campaña,...sino dado trabajo y fomentando la educación que hace más digno y elevado al ser humano, y con ello hacer posible economías prosperas y autosuficientes, por todas partes que no den lugar a esas lamentables crisis de hambrunas en África y resto del mundo. Recuerdo que Ronald Reagan en su campaña para la presidencia decía que esperaba ver llegar al nuevo milenio con que el hambre hubiera desaparecido, pero por desgracia no sólo sigue, sino que ahora diez años después de la entrada en ese actual milenio se ha agravado incluso con la exponencial subida de los precios alimenticios al ser destinados estos como nueva fuente energética que ha de sustituir a los derivados de los hidrocarburos, produciendo mayor desequilibrio.

Creo que si los políticos tuvieran algo que hacer o decir para solucionar el problema del hambre en el mundo, no deberían de hablar con la boca tan llena en esos restaurantes de lujo que frecuentan de alrededores de la ONU, de los comités económicos de Bruselas, o de las conferencias de la FAO en Roma. E incluso el Santo Padre Joseph Ratzinger, por no decir de los incalculables tesoros de los que dispone la Santa Sede, debería dar más ejemplo como primer apóstol en eso de la predica del evangelio de Jesucristo que señala que hay que ayudar a los más pobres y necesitados, destinando, por ejemplo, las multimillonarias ganancias que se obtienen de los millones de turistas que visitan cada año El Vaticano, para que con ese enorme dinero poder llegar a hacer algo contra la lacra de la pobreza y el hambre que padecen millones de hermanos (e igualmente hijos de Dios) del resto del mundo. ¿O qué es realmente la Iglesia, sino está en la línea de las enseñanzas de Jesucristo, ninguna de las cuales es mala en sí, y si aporta la clave de la solución a muchas de las desgracias que padecen gran parte de la humanidad?. No se debería frivolizar tan escandalosamente ante tamaño sufrimiento humano, que es una vergüenza y una insensibilidad, impropias de las gentes de bien. Con todos los adelantos tecnológicos en grandes tractores provistos de computadoras y GPS, y granjas mecanizadas y programadas por ordenador, en la agricultura y la ganadería, y con todo ese despilfarro de subvenciones de Bruselas para que los siempre eficientes, laboriosos y productivos agricultores y ganaderos (que muchas veces dependen del capricho meteorológico del buen o mal tiempo en sus cosechas) no produzcan más de lo que indica el cupo oficial y vigente, el hambre hace ya tiempo que hubiera tenido que desaparecer de la faz de la tierra,...pero sigue ahí, y es que algo anda mal, faltando el valor y la voluntad política para hacer algo que de verdad termine con esa lacra sin perjudicar a terceros que viven del trabajo de producir y distribuir alimentos. Y por irónico que parezca, muchas veces se producen tantos alimentos que ya no se sabe ni adónde ponerlos, pero que se destruyen porque no son rentables. Esa es la cruel y cruda realidad. Porque la única esperanza de esa humanidad doliente, son los otros que tienen el poder y los medios de aliviar su desgraciada situación, y no basta simplemente en enviar hombres a pasear por la luna o al espacio, o a investigar y producir el último avión militar más supermoderno. Hay que pensar en que hay que hacer algo con gran sentido de la ética y moral, porque todavía existen en el mundo padres, que como se hacia en la Francia del siglo XVIII, abandonan a los hijos porque no tienen de qué darles de comer, y eso es una vergüenza que en el día de hoy con la globalización y el internet que llega a todas partes, ya debería de estar superado.

Hay que recordar, que a pesar de los escandalosos excedentes de alimentos que se tiran o se dejan de producir porque no tienen salida en los mercados, todavía existen muchos países y lugares donde la gente sigue con los estómagos vacíos. Es escandaloso comprobar que los silos están atiborrados y sobrantes de alimentos, que los ministerios de agricultura y ganadería de distintos países subvencionan a los agricultores para no sembrar, y que al mismo tiempo con la contradicción de que todavía no se haya pensado seriamente en alguna manera de dar de comer a los millones de pobres que hay por el mundo y que no reciben todos los días el alimento necesario para poder trabajar o crecer con normalidad. Es preciso que los políticos no se preocupen tanto de ayudar con abundante dinero a los bancos en crisis, y que se preocupen además de hacer algo para poner fin a la ofensa que suponen los excedentes sobrantes de productos alimenticios cuando existe un gran número de hambrientos. El mundo sólo podrá estar en paz, si todos sus habitantes tienen sus necesidades mínimas debidamente cubiertas, y eso a la larga nos beneficia a todos en vez de despilfarrar muchísimo dinero en fabricar y mantener inútiles armamentos, cuando la mejor garantía para la paz mundial es que en nuestro planeta todos sus habitantes puedan tener una vida digna y no exista la miseria. Pienso que lo ideal sería crear un fondo de pensiones mínimas a cobrar por parte de cada ciudadano de cada país, que fuera destinado únicamente para la compra de los alimentos que necesitan para subsistir (y no para otras finalidades que sólo darían lugar al fraude y a la corrupción con esas ayudas, tal como nos ha mostrado la experiencia hasta el día de hoy), y la cual cosa equilibraría y podría en su sitio el mercado agrícola-ganadero a nivel mundial, permitiendo la desaparición de las absurdas subvenciones a los mismos agricultores por no trabajar, que pagan los contribuyentes a través de los ministerios de agricultura, o de organismos comunitarios como los de Bruselas.

El caso es que Bartolomé Díaz, el gran navegante portugués, logró hace más de quinientos años la proeza de descubrir la ruta del Indico (la famosa ruta de las especies, buscando ese condimento que mejora el sabor de la insípida comida de aquellos tiempos); en medio de un fuerte temporal, que le hizo llamar cabo de las Tormentas a la famosa punta que lo separa del Atlántico sur. Al regreso de la India, ya con mejor tiempo, le dio el nombre definitivo de Cabo de Buena Esperanza, que ha conservado hasta el día de hoy, a pesar de que los fuertes vientos y las tormentas vuelven a menudo. En esa esperanza quisiera apelar contra el hambre de África y el resto del mundo: en que la humanidad que siempre ha caído en las peores ruindades, alcanza también las grandezas, y eso último es la esperanza que debe de llegar a todos, hasta que en nuestro mundo ya no exista ningún niño sin comida, sin ropa, sin techo, sin dignidad, y sin cariño.

Y ya que hoy hablo de Sudáfrica, no quisiera dejar de señalar que ese original país ha producido a una de las mejores actrices: Charlize Theron, una de las mujeres más bellas, talentosas e inteligentes del mundo,...y que yo, personalmente admiro mucho, y que por supuesto, también es una emprendida luchadora contra las lacras sociales del mundo. Y un último favor os pediría, si de verdad pretendemos solucionar el problema del hambre, al menos no hablemos con la boca tan llena, tal como hemos venido haciendo hasta ahora. Pero lo extraño, Barack Obama, es que tú eres delgadillo y además el hombre más poderoso del mundo, todavía no has hecho mucho que digamos, como para merecerte ese premio Nobel que te dieron por anticipado, con las expectativas creadas de que tú cambiarias el mundo a por mejor.

En Porqueres, a 20 de junio de 2010