jueves, 13 de mayo de 2010

EL CESAR ZAPATERO, CRUZA EL RUBICÓN DE LOS FUNCIONARIOS

Se agradece que después de la larga cadena de decisiones erróneas por parte del presidente José Luis Rodriguez Zapatero, ayer por fin decidiera algunas con algo de sentido común: hacer pagar el coste de la crisis al colectivo más beneficiado y protegido de ésa: los funcionarios y los pensionistas.

El origen de la crisis, ya viene de antecedentes erróneos tales como la subida constante y en espiral de los impuestos de los anteriores años (que más que un “estado del bienestar”, ha creado un “estado del malestar” lleno de improductivos y costosos funcionarios, que reparten como churros ineficaces y dudosos presupuestos sacados a base de toda sarta de impuestos cada vez más numerosos, creando una errónea cultura de vivir o esperarlo todo de la subvención), así como esas nuevas normativas que no son otra cosa que un maquillaje de las cada vez más rígidas normativas laborales que han hecho que cada vez sea más complicado y arriesgado tanto contratar gente como abrir o aguantar un negocio, así como asustar permanentemente a los inversores en potencia. Aparte de que una mala política de concesión de toda clase de subvenciones innecesarias y de despilfarros que ha creado consigo un enorme déficit, culpa del cual, si no se reduce tal como han ido recomendando los burócratas de Europa y el propio presidente norteamericano Barack Obama a Zapatero, no sólo no sería posible la recuperación económica, sino con toda seguridad España iría camino a la bancarrota total y con ello al caos. Dejando aparte que el cierre de los grifos del dinero por parte de los bancos, que originó la crisis financiera internacional de falta de liquidez, contribuyó a un brusco enfriamiento de la sobrecalentada economía española, que al no circular ya ese alegre dinero prestado que permitía las desorbitadas inversiones en inmuebles y en toda clase de consumo, arrojase a millones de personas al paro, a la incertidumbre laboral, y al endeudamiento de por vida.


En consecuencia, esa crisis a traído consigo a una bajada considerable de los precios en todos los órdenes y en todos los negocios, de modo que la gente gasta menos, compra lo más barato (marcas blancas), y las empresas y particulares debido a la caída de ventas y de contratas, ofrecen presupuestos reventados en medio de una competencia feroz por sobrevivir, llevando esto consigo a una muy sensible bajada de sueldos, dejando aparte la muchísima gente que se ha quedado sin trabajo y sin su fuente de ingresos. Y aparentemente ningún trabajador protesta por la bajada de sueldos, por miedo a perder el trabajo. Pero a los funcionarios y los pensionistas no se les han bajado el sueldo, sino que además la sensible bajada general de los precios y los servicios derivada de la crisis, ha hecho que en términos comparativos hayan notado un muy buen aumento de su poder adquisitivo, porque si por ejemplo, hace dos años, la mujer de la limpieza le facturaba a 10 euros la hora, hoy son legión las mujeres en apuros que se ofrecen a 5 euros y hasta menos. Y lo mismo decir de la compra de pisos, o de hacer obras de reformas por parte de constructoras casi en la quiebra que ofrecen precios muy bajos para poder aguantar. Y precisamente esos emprendedores y trabajadores que viven en la incertidumbre económica, con el riesgo de cerrar o de ir al paro, son los que además contribuyen con sus impuestos a sostener los sueldos de los funcionarios y las pensiones de los jubilados. Por eso es de justicia que los que tengan que pagar esa reducción de la deuda pública que se exige en los órganos de poder europeos tengan que ser sobretodo los privilegiados funcionarios, los que en el fondo han sido los grandes beneficiarios de la crisis económica. Algunos dirán que hay muchos funcionarios de grado mileurista, pero no se debe de olvidar que tienen el privilegio del sueldo vitalicio, el trabajo de pocas horas, y muchísimas fiestas y vacaciones por en medio, y una nómina bien pagada si se compara con los del sector privado; y además en comparación a los empleados normales de cualquier fábrica, supermercado, ramo de la hosteleria, o de oficinas, no solo cobran sueldos mileuristas o menos que mileuristas, sino que además tienen empleo precario, y muchos con la incertidumbre de terminar en desempleo. Por eso, en comparación, los funcionarios son un colectivo privilegiado, que no sólo están a cubierto del fantasma del paro, sino que además cobran puntualmente a costa de los contribuyentes, y por eso es muy acertada la medida de Zapatero de hacerles pagar el déficit. Por lo menos en esto, nuestro presidente merece un sonoro aplauso.
Ahora con la bajada de sus sueldos, y la congelación para el próximo año tanto para los mencionados empleados de la función pública como para los jubilados, ya empiezan a poner el grito al cielo. En realidad, para reducir ese déficit, haría falta que se les bajara aún más sus sueldos a esos privilegiados funcionarios, para resolver cuanto antes el problema del déficit público que garantice que nuestro país llegue a ser solvente y con garantías económicas , por conveniencia de sus colegas europeos, ya que nadie quiere ni le conviene un socio arruinado que sólo les podría causar problemas.
Pero existe otro enorme problema: la Constitución permite el derecho a la huelga, un acto que como sabemos hace mucho daño a muchísimos ciudadanos, y beneficia a poquísimos, siendo uno de los grandes males tolerados en nuestro país. Veremos qué inútiles movilizaciones y huelgas salvajes nos esperan ya que sólo contribuyen a sangrar aún más la ya maltrecha economía del país, y a ver si de verdad se cumple el derecho al trabajo de quienes no deseen hacer huelga, sin presiones ni amenazas de piquetes sindicalistas en este supuesto país libre que es el nuestro. Y no os engañéis, el gobierno no puede crear puestos de trabajo, y menos con huelgas y manifestaciones; los puestos de trabajo sólo los puede crear la sociedad civil, y esta necesita el marco politico y social adecuado, porque si no es así, no hay inversión, y sin inversión no se pueden crear puestos de trabajo, que son lo que de verdad produce y genera la riqueza que buena falta nos hace a todos. Y por si no hubiera bastante con toda esa broma, para dentro de poco nos espera la paliza de la subida del I.V.A.
¿Dejarán los políticos españoles para nuestros hijos un país endeudado y sin trabajo, o bien un país con buenas oportunidades laborales?. Por supuesto, la crisis tampoco se va a solucionar eliminando una vicepresidencia, o fusionando unos cuantos ministerios, tal como propone el líder de la oposición Mariano Rajoy. Lo que de verdad hace falta, aparte de lo acertado de hacerles pagar el déficit a los privilegiados funcionarios, son todo un paquete de reformas, que tengan el denominador común de eliminar los impuestos progresivamente y crear un marco laboral que sea atractivo para los emprendedores y los inversores que son quienes en última instancia crean el empleo y la economía productiva que tanta buena falta hace en nuestro país. Por otra parte no se debe de olvidar lo más importante de todo: para poder pagar un impuesto tiene que existir alguien que trabaje, y si no se puede trabajar, no se puede pagar impuestos. Y si el Estado no puede ingresar impuestos porque no hay trabajo para la gente, el estado se arruina. Y si el Estado se arruina, los ciudadanos quedamos desamparados. En otras palabras, la receta para arreglar el problema se basa en dos cosas: pocos impuestos y mucho trabajo para todos, y en esto deberían de estar todos los políticos y resto de los llamados “agentes sociales”, en vez de pensar en huelgas y descalificaciones mútuas que no llevan a nada bueno para nuestro país.

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