martes, 14 de abril de 2009

CADA “FELLATRIX” CON SU “IRRUMATOR”

Chicas: un conocido proverbio dice que para tener feliz a un hombre, hay que procurarle que tenga bien satisfecho el estómago, pero…. ¿queréis conocer uno de los mayores secretos para tener feliz a un hombre?. Existe uno muy sencillo: la mamada. Ya entiendo que para ciertas mentalidades femeninas que aún no están puestas al día lo pueden encontrar repelente, pero es un secreto a voces que es una de las cosas que más felices hacen a un hombre, y para la mujer que lo regala con frecuencia, desde luego nada desagradable, aparte de que es una de las mejores inversiones femeninas que contribuyen a la felicidad masculina. Muy aficionados a ello, los antiguos romanos lo llamaban por su propio nombre: hacer una “fellatio”, en la que la “fellatrix” era la mujer que lo hacia, y el “irrumator” el que recibía la acción. Dicho de otra manera, de esas palabras derivan la que actualmente en lenguaje ciéntifico denominamos “felación”, y más vulgarmente llamado como “mamada” o “chupada”.

Casi ningún hombre se resiste a ello. Como sencillo ejemplo, tomamos el caso de Bill Clinton, por entonces Presidente de Estados Unidos, el hombre más poderoso del planeta, que se permitió una que le ofreció cierta lista y aprovechada joven becaria de la Casa Blanca llamada Mónica Lewinski. La cosa casi le costó un “impeachment” (que así se llama allí a lo que es un proceso de destitución del presidente), acosado por ese terrible fiscal que representaba la mentalidad de los reaccionarios llamado Kenneth Starr, con la prueba de ese vestido manchado con el semen de la eyaculación de Bill Clinton, que la Lewinski guardó en una nevera secreta bajo siete llaves para posteriormente sacarle provecho judicial, porque ya se sabe: hay amores que si no matan, pueden resultar traicioneros. Y eso con gran disgusto de Hillary, que quizás no cuidaba bastante de su “irrumator” como para que este último aceptara ofrecimientos de otras partes, y no sólo regalos, ya que la misma Mónica confesó en el juzgado estar muy enamorada de Bill. Se habló tanto del escándalo, que al final no había para tanto por una simple chupada, aunque la lista becaria con tanto revuelto al final por si misma obtuvo dinero y fama, para luego poder promocionar un negocio de bolsos con sello propio. Pero al final se impuso el sentido común, y al terminar la presidencia, las encuestas de la Gallup (la compañía de encuestas que más acierta de las existentes) indicaban que el presidente de la famosa mamada hubiera podido ser reelegido muy fácilmente, frente al otro candidato George Bush, para un tercer mandato si la Constitución Norteamericana no le lo hubiera impedido. Estaba claro que los “irrumatores”, que somos casi todos los hombres, se habían puesto de parte de su presidente, al demostrar que podía ser tan humano como los demás, con las mismas y comunas debilidades. Claro que como el mismo presidente dijo, tuvo que mentir para no herir a ciertas personas de determinadas mentalidades que no lo hubieran encontrado bien. Pero ¿cuántas veces nos hemos encontrado que no somos lo bastante sinceros, simplemente para tener contentos a aquellos que nos interesan?, porque es algo que ocurre muy a menudo, y por eso pienso que la gente se lo perdonó al bueno de Bill Clinton. ¡Ya estaba bien de tanta hipocresía!, y se agradece este gesto de la inmensa mayoria de la gente hacia su presidente.

Sin embargo, los mejores técnicos de la publicidad, conocedores de este eficaz deseo subconsciente del hombre, no han dudado en explotarlo psicológicamente para elaborar unos impactantes spots-anuncios de marketing publicitario, como es el caso de la famosa tarjeta de pago Mastercard, que aquí en España no llegó por aquello de las mentalidades retrogradas que se escandalizarían, que os adjunto como ejemplo para que lo veáis:

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