jueves, 16 de abril de 2009

EL NEGOCIO ES SER MAESTRO, NO MINISTRO . (LA CRISIS DE LA ESCUELA ESPAÑOLA)

Por esos días he observado en los periódicos que los maestros están de nuevo en pie de guerra, preparándose para un nuevo período de huelgas y jornadas de protestas. En los tiempos del general Franco, cuando yo estudié en la primaria, la huelga estaba prohibida, pero cuando entró vigente la nueva actual Constitución se recogió el derecho a la huelga, algo del que el colectivo de profesores ha estado usando y abusando con mucha frecuencia a lo largo de todos esos largos años. Me acuerdo de una de las convocatorias contra la política educativa del entonces ministro socialista Maravall (no confundir con el otro socialista Maragall, actual conseller catalán de educación), los huelguistas del gremio de la enseñanza llevaban escrito en las pancartas que exhibían “El negocio es ser ministro, no maestro”. En realidad, creo que es al revés, y de ahí el título de la presente entrada en mi blog.


La escuela no va bien, y eso desde hace muchísimos años, con un resultado final de alto índice de fracaso escolar, y una juventud con unos modales que no pueden decirse que sean precisamente haber adquirido una buena educación, una adecuada preparación, y un respeto hacia los demás. Con esos chavales, el futuro del país no es que termine estando en buenas manos, y no lo olvidemos, esos chavales que hoy día pierden y desaprovechan sus horas en las aulas, son los que el día del mañana habrán de sostener en sus hombros la carga que deje el país. La formación educativa de los alumnos de los alumnos de un país, lo dice todo de los maestros que han tenido.

A mi modesto modo de entender, creo que las causas principales de dicho fracaso se deben al mal ejemplo de los propios maestros (dejando aparte las responsabilidades de los políticos), y a las pocas horas que se dedican al trabajo de la enseñanza en formar los que han de ser ciudadanos modelo del futuro. Aparte de pocas horas de trabajo, añadir además las larguísimas vacaciones y los numerosos días que se toman de fiesta, que aparte suponen una gran molestia para los padres (ahora, además, piden nuevas vacaciones para los carnavales de febrero). Ya nos gustaría tener a los padres las largas y generosas vacaciones pagadas de los maestros para poder disfrutarlas con nuestros hijos. Por desgracia y en general (dejando aparte excepciones), los profesores actuales son perezosos, trabajan muy poco, y cobran unos sueldos de escándalo en comparación al poco esfuerzo y rendimiento que dedican. Su jornada laboral, curso tras curso, es repetir más o menos el mismo rollo que ya se saben de memoria, sobre la misma asignatura, cosa que a medida que pasan los cursos, no les requiere gran esfuerzo, siendo una repetición retocada de lo mismo. Trabajar poco, hacer muchas vacaciones, y cobrar un buen y seguro sueldo, es un negocio mejor que el de ser ministro, desde luego. Con una situación permisiva de un descontrol y una falta de disciplina y motivación por parte de los alumnos, quien se hace maestro hoy día, es para aprovechar el enchufe, el puesto de funcionario que garantiza un sueldo vitalicio del gobierno sin temor a tener que afrontar ni crisis económicas ni situaciones de paro forzosos. Y para trabajar aun menos, con el puesto de trabajo garantizado por el Estado, nada mejor que coger largas bajas laborales por “depresión”, según señalan. Ya quisiéramos los padres estar de baja por depresión, que bastante deprimido lo tenemos todo, para poder estar con nuestros hijos disfrutando del día. No es de extrañar se sean un colectivo tan desprestigiado socialmente. Y por si no fuera bastante, entre vacaciones y bajas laborales, si añadimos los días que pierden entre huelgas y protestas, resulta que en su conjunto, han trabajado aún muchísimo menos de lo que parece. Eso crea una situación de malestar que lo pagan especialmente los alumnos (porque pierden las clases), y los padres (que además son los contribuyentes que pagan, vía impuestos, todos esos abusos).

Por otra parte, no hay que olvidar que las vacaciones son un problema gordo para los padres que trabajan y no saben qué hacer ni dónde meter en esos días que sus hijos no pueden asistir a la escuela, y de esto ningún conseller o ministro se ha preocupado para nunca, ni los mismos maestros siquiera. Y no digamos qué hacen los padres con sus hijos esos días inciertos que se pierden en huelgas y protestas. Los maestros dirán el disparate de que los alumnos deben de descansar, pero si los padres los tienen que apuntar por la fuerza a actividades como colonias de verano, clases extraescolares, etc…, ya me dirán a mí de qué descanso están hablando, aparte del elevado coste económico que esto supone para las familias. Por otra parte, la enseñanza sigue siendo demasiado teórica, sin enseñar cosas prácticas para los futuros ciudadanos, tales como podrían ser mociones de mecánica, de electricidad, de jurisprudencia (irían más preparados con el tema de los divorcios que ya afecta a medio país, por ejemplo, o el conocimiento de leyes impediría llenar tanto las cárceles o construir tantas inútiles y vergonzosas prisiones); los males que causan drogas tales como alcohol y tabaco, los valores de la competitividad y del trabajo bien hecho, cómo rellenar bien el dichoso y estafador formulario de la declaración de la renta, cuáles son los pasos para buscarse un trabajo adecuado al terminar la escuela, y otro largo etcétera de las muchísimas cosas de verdadera utilidad que nadie se preocupa de enseñar en las escuelas.

Luego está también el problema de la inmigración, de poner dentro de una misma clase alumnos de distintas etnias, lenguas y religiones, no siempre siendo del agrado y acuerdo de la inmensa mayoría de los padres con eso que tanto se predica de la diversidad cultural. Por ejemplo, cuando tiene que abordarse en una aula el tema del sexo, cómo se lo explicamos a los de una determinada religión para quienes eso puede resultar tabú y hasta ofensivo desde su punto de vista cultural. La Historia misma demuestra que estas combinaciones culturales a la larga resultan complicadas e irreales: basta ver con ello el caso de los países y los lugares donde todo esto ha tenido lugar, con unos resultados que no son los que en el fondo se esperan, y que incluso pueden terminar en guerras, como las recientes de Yugoslavia o de Israel-Palestina. En toda la historia, y hasta el momento de hoy, en ningún país del mundo está probado que la diversidad cultural ha dado buenos frutos, salvo mayor intolerancia y hostilidad, lo cual indica que lo mejor es no combinar grupos humanos dispares, y que cada cual quede en su sitio. Además añadido esto con el problema de muchos padres de no poder escoger la escuela ideal para sus hijos, en donde no se mezclen con las diferencias de otras culturas que tienen otros conceptos de ver y entender la vida no siempre del agrado de los unos y de los otros, así como de otras religiones. Es complicado enseñar buenos principios así, si las distintas culturas forman mentalidades diferentes. Además están también las llamadas “discriminaciones positivas” que aplica la Administración: cuando yo buscaba plaza escolar para mis hijos en el colegio más cercano a casa, le dije al director que me produciría un cabreo enorme ver que los inmigrantes obtienen plaza, y mis hijos no, siendo yo soy del municipio de toda la vida; y el director me respondió que él lo sentía mucho, pero que estaba obligado a seguir las directrices de la Administración: por fortuna mis hijos consiguieron la plaza escolar pero….¡por un pelo!, cuando vi la lista de los admitidos y los “puntos” correspondientes a cada uno. Es una vergüenza que tengan prioridad y preferencia los hijos de extranjeros, que los hijos del mismo del pueblo español. Aún en tiempos de gravísima crisis como los actuales, se que existen personas que siendo hijas de un mismo país, todavía piensan que hay que ayudar a cualquiera sin distinción de nacionalidad, religión, étnia, condicíón física, edad, o sexo, cuando sus hermanos del propio país ya tienen sus propios problemas y observan impotentes que no son ayudados con prioridad sea en la enseñanza, en la sanidad, en la hora de cobrar el paro o de conceder un empleo, de obtener una subvención por nacimiento, o la plaza de una residencia geriátrica pública, etc... Yo, desde luego, como hijo de España, no sólo considero incorrecto malgastar los escasos recursos en ayudar a los forasteros antes que a los hermanos nacionales, sino que además lo considero inmoral, aberrante, y de muy mal ejemplo, y eso es algo que se ve en las mismas escuelas, de modo ¿quién está contento?. ¿Y sabéis una cosa?: siempre he hecho mi declaración de la renta, y siempre he pagado mis impuestos, pero en el último curso no me han concedido beca para educación especial de refuerzo para mis hijos, aparte de que en este año la crisis me ha afectado y me ha dejado en el paro por un período (y sin derecho a subsidio). Ya me podréis entender si me hace mucha gracia cuando veo determinadas cosas, siendo hijo de España, y de linaje español por muchos siglos.

Como dice el viejo proverbio: “El mejor maestro es el profesor ejemplo”, la cuestión no se trata de tener una escuela con un edificio más o menos bonito, con calefacción, ascensor, gimnasios, aulas especiales, recursos, etc…, sino de la calidad del trabajo que aporte el propio maestro materializado en los frutos que den los alumnos. Tanta queja y tanta crítica por una horita de más que imponía el ministerio catalán de enseñanza, y lo único que al final consiguen es dar mal ejemplo a los mismos alumnos, que ven en los propios maestros el referente y la asimilación de aquellos valores que a la hora de afrontar la vida no les van a servir adecuadamente. Muchos maestros apelarán, por ejemplo, al caso de Finlandia, uno de los países nórdicos, como uno de los sistemas de enseñanza más avanzada de Europa, pero olvidan añadir que allí la mitad del año es prácticamente de noche, y que allí la vida se vive de otra manera. Lo único que tienen de bueno los finlandeses es el haber inventado el teléfono móvil Nokia. Por otra parte, el derecho constitucional a la gratuidad de la enseñanza no es una realidad ni se ha desarrollado con el paso del tiempo (y eso que data desde el año 1978): como sabemos, las prioridades en las plazas escolares y las becas las absorben principalmente los alumnos de la inmigración, perjudicando a los hijos de los mismos españoles que, aparte de pagar los impuestos, tienen que pagar también obligatoriamente para sus hijos los libros, material, comedor, uniformes, excursiones, cuotas de APA, clases extraescolares, etc… De este modo nadie está contento con la escuela, al existir determinadas formas de discriminación y abusos por parte de las administraciones en cuanto se refiere a ayudas y distribución de las plazas escolares. Este es el lamentable panorama de las escuelas españolas hoy en día, y del que nadie se atreve a hablar.


Pero estamos ante un problema muy serio: el de la enseñanza. Es en la escuela donde empieza la preparación para el ciudadano del mañana. En mis tiempos de alumno de primaria, el maestro tenía mucho poder, y podía castigarte de cualquier manera: recuerdo los golpes de la vara sobre la mano, el ponerse casi una hora de rodillas, las hostias que podían darte con total impunidad, etc..,,; hoy día cualquiera de esas formas de maltrato las puede denunciar cualquier padre o alumno, de modo que de alguna manera quienes tienen de verdad el poder en la clase son los alumnos más fuertes y más listos, cuya falta de disciplina agota al más paciente maestro y es caldo de cultivo para la violencia en la escuela. Por eso tenemos la vergüenza de disponer de muchas escuelas con tanta cámara de vigilancia, que más bien se parecen los recintos de una prisión. Eso dice que la escuela necesita una reforma que acabe con todos esos males y abusos que hacen que la escuela española sea una auténtica vergüenza. Pero desde la muerte de Franco, pasando por el polémico ministro socialista Maravall (como ya he indicado al principio: no confundir con el conseller Maragall), los líos del llamado “Libro Rojo de Petete”, hasta llegar a nuestros días, la escuela ha ido de reforma tras reforma, sin que ninguna mejorara la enseñanza en relación a la anterior. Lo único que ha aportado tanta reforma es un alumnado apático y pasota, la inmensa mayoría de los cuales no se esfuerzan en nada para estudiar, y unos maestros que cada vez trabajan menos, hacen más fiestas, piden trabajar menos, y al mismo tiempo cobrar más que nunca. Tanto se predica desde las escuelas de pedir responsabilidades compartidas con los padres, y que se impliquen en las tareas de la escuela, y puesto que de lunes a viernes mis hijos pasan gran número de horas a la semana junto con sus maestros, prácticamente más tiempo que conmigo mismo, que yo le propusí por escrito en una carta al director de la escuela donde van mis hijos, que a falta de tiempo por motivos laborales, con la finalidad de poder tener una relación y comunicación con los maestros, que se usaran las ventajas de las nuevas tecnologías de internet, como por ejemplo, el uso del correo electrónico,…y el máximo responsable del colegio no me dio ninguna respuesta. Claro, son indiferentes, y cerradas las puertas de la escuela con los alumnos dentro, lo único que les preocupa es el sueldo, que parece ser que más que enseñar de verdad, lo que hacen es de vigilantes de parvulario. Yo lo que les pido a los maestros, es que les enseñen de verdad, que les enseñen principios útiles en la vida, que les exijan y al mismo tiempo los animen a estudiar, que los disciplinen y los motiven, que los pongan a trabajar (porque sólo trabajando la asignatura se aprende), que les dé buen ejemplo con su paciencia y trabajo, que fomenten al mismo tiempo el compañerismo y la competitividad (competitividad quiere decir ser capaz de saber dar y hacer el mejor servicio y el mejor trabajo) , y hasta que sepan ganarse el respeto y el cariño de los alumnos (mis hijos),…y si todo esto puede ser de un modo divertido, mejor para los alumnos. Creo que se debe de impartir saberes prácticos, y no saberes inútiles, porque sólo así se pueden aprovechar bien las horas que se asisten a las aulas. Pero el común de los maestros actuales aburren tanto, que entre los chavales se prefiere más ver las entretenidas series de televisión, y los diferentes entretenimientos que aporta el internet. La inmensa mayoría de los maestros no saben motivar a los alumnos, ni dar buen ejemplo, pues las huelgas, las vacaciones, y las pocas horas de trabajo, no es un buen ejemplo, que digamos. Es evidente que en el fondo la inmensa mayoría son unos vagos, que hasta incluso piden a los padres que vengan a reuniones escolares en horas de horario escolar, que son los momentos que la inmensa mayoría de los padres están en su trabajo. Y como ya he señalado, tampoco las ventajas de internet quieren aprovecharlas los maestros, para mejorar esa comunicación con las familias de los alumnos. Desde luego, nuestras escuelas están en crisis, aunque al paso que han ido en las últimas décadas, dudo que cambien para mejorar.

Veamos los resultados de los métodos de enseñanza de nuestras escuelas: salen los alumnos de las escuelas, y no saben ni escribir correctamente, ni por internet. No se les enseña a los estudiantes a ser competitivos (ni entre los mismos maestros lo son entre sí) en las escuelas, con lo cual lo tienen crudo a la hora de dejar la escuela para entrar a competir por la fuerza en el cruel mundo laboral, porque ser competitivos quiere decir hacer y saber dar el mejor trabajo y servicio al precio más reducido posible, para poder tener salida segura en el mercado. La asignatura de Historia, por ejemplo, está totalmente manipulada: si a un jovencito escolar le preguntas quién fue Hernán Cortés, o Francisco Franco, es raro encontrar algún chico que sepa responder correctamente. Y si les preguntas a un estudiante de secundaria qué es la Constitución Española, lo más probable que se les ocurra como mucho es imaginar un rey o una bandera española, sin concretar nada más. Si a un alumno de 10 años le pides que haga una redacción sobre un determinado tema, o una simple multiplicación, es muy probable que no sepa hacerlo mínimamente bien. Es verdad que tenemos pocos alumnos por clase (en mis tiempos éramos entre 60 y 40, cuando hoy son un máximo de unos 25), tenemos muchos supuestos recursos educativos, pero lo cierto es que con tantas ventajas al abasto, salen de la escuela medio analfabetos; ¿de quién es la culpa de todo esto?, creo que la cosa da para pensar. Y en los últimos cursos de esa enseñanza obligatoria, hay un montón de chavales hartos y aburridos de la escuela que tan sólo esperan poder terminar y salir de ella, para ver si consiguen algún curro con el que empezar a ganar dinero, que es lo único que les importa. Pero entre los estudiantes casi nadie quiere aprender, porque ni el sistema educativo que da mal ejemplo, ni los mismos maestros se esfuerzan en motivar y enseñar de verdad a los alumnos, sin que sus valores estén formados, porque no los ha adquirido en donde tendrían que ser inculcados: en la escuela. Y eso es un grave problema, porque con eso al final muchos de los alumnos no creen en la vida, ni tiene fe en el propio país, ni en los otros, cayendo fácilmente en la pasividad y en el consumo de drogas. Y de esta manera, difícil comienzo se tiene a la hora de salir a la calle y buscarse un curro, máxime con la crisis y el paro que hay, y lo poco formados y capacitados que están los chavales para cualquier curro. ¡Un verdadero problema!, de la que tienen culpa los políticos, el sistema educativo, y esos malos maestros que sólo piensan en vacaciones y fiestas. Con eso, a los alumnos arrojados a la calle, no les quedará más remedio, que pasarse la vida en poner un poco de empeño en formarse a sí mismos de modo autodidacta, y si consiguen un curro, pagar con sus impuestos esa cosa que llaman escuela, y que ya pueden preguntarse realmente para qué sirve. Por eso pienso que no se tiene mucho amor a la escuela, y los maestros son un colectivo muy desprestigiado, con fama de gandules y aprovechados de la seguridad del cargo público que les garantiza un sueldo seguro del Estado. Eso tendría que acabarse, y si alguna reforma hay que emprender con eso, debería de ir en la dirección de corregir todos esos abusos. Creo que el país necesita de verdad un programa educativo sólido y práctico, con enseñanzas que de verdad han de servir para la vida a los futuros ciudadanos. Un programa en el que se fomente la competitividad, y los valores del esfuerzo y del trabajo bien hecho, así como los valores de a libertad, del esfuerzo, del respeto, del patriotismo y la solidaridad hacia los más necesitados. Que termine con la pereza de los maestros, que aplique formulas para controlar su rendimiento. Que elimine el sistema de trabajar unas pocas horas laborales, las excesivas vacaciones, y los abusos con las huelgas. Si nos fijamos en las horas de clase que se dedican a los otros países, nuestros maestros suelen decir que estamos a nivel europeo, pero adónde nunca miran es al otro lado del mundo: ¿cuántas horas de clase dedican a sus alumnos los maestros en China, o en Japón, por citar un ejemplo?, ¿y cuanto tiempo de vacaciones?. Allí casi se dedica el doble de tiempo que aquí en España, y en eso escondemos la cabeza bajo el ala, como el avestruz. De este modo allí nos aventajan en dos, tres, o cuatro años (según cómo se mire, a sus homólogos españoles). O sea que el nivel de estudios de un mal estudiante medio japonés, equivale a casi el mismo que un buen estudiante medio universitario español. Y de eso no habla ningún maestro de nuestro país: porque: ¿quién es el guapo de maestro que quiera trabajar más y renunciar a más días de vacaciones, a favor de una mejor formación educativa para nuestros alumnos?. Comparado con eso, no podremos decir que tenemos el mejor sistema educativo, ni la ciudadanía mejor formada, en tanto no superemos el nivel de los japoneses o de los estudiantes de Formosa. En estos países asiáticos, el maestro es tomado por un respetable y venerado sabio, y nunca se tiene conocimiento de que allí se produzca ni una sola huelga en el sector de la enseñanza. Al final, sólo se aprende de verdad trabajando, y más horas de asignatura trabajada, supone más y mejor formación. Sólo consiguiendo la mejor educación, podemos llegar a ser el país más avanzado y civilizado del mundo, pero eso no interesa ni a nuestros políticos, ni a nuestros actuales maestros: lo único que les interesa es que persista este sistema que les permite vivir de sus privilegios a costa de los impuestos que pagan los contribuyentes, tener muchísimas vacaciones repartidas a lo largo de todo el año., y trabajar muy poco, tomando buenas vacaciones a costa del contribuyente.



No obstante, dejando aparte maestros y políticos, voy a explicarles a los padres que actualmente tenemos una gran ventaja que no teníamos en mis tiempos de alumno de primaria, y que la mayoría no sabemos ni aprovechar: son el ordenador e internet. Con ese instrumento, acariciando con los dedos un teclado y moviendo una rata, se obtiene toda la información para aprender cualquier cosa. Por ejemplo, con los programas de idiomas, ni maestro hace falta. Casi todas las materias e asignaturas que se imparten por las escuelas, se podrían aprender con los programas educativos que se insertaran en un ordenador, si se disponiera de la disciplina de saber aprovecharlo bien. Por lo cual el manejo del ordenador y la manera de trabajar con provecho con él es la primera asignatura que se debería de impartir, nada más entrar en la escuela, enseñando cómo aprender a través de él, y cómo aprovechar la información que se puede obtener a través de internet o de los numerosos programas educativos. Con eso, que llegados a una edad, los mismos alumnos podrían aprender en casa, y nos ahorraríamos miles de millones de los impuestos en mantenimiento de edificios escolares, en sueldos de maestros innecesarios y en sueldos de “inútiles” funcionarios del departamento de educación, para que pasaran a otros sectores más productivos y más provechosos para el país. En internet tenemos la mayor biblioteca, digo la mayor enciclopedia de todos los tiempos, al abasto de todos, y creciendo cada día, donde se acumulan los saberes de los últimos 10000 años, y luego con otras webs especializadas en cualquier tema. Entonces, llegados a un momento cualquiera podría llegarse a preguntar:¿ para qué queremos las escuelas y los maestros?, ¿para qué queremos las universidades?, ¿para obtener títulos?, ¿para disponer de un espacio y tiempo en donde encontrar la novia, o pasar el rato con los amigetes?,….en una sociedad que de verdad quiera ser competitiva y pueda prosperar con la libertad de trabajo, no necesita título escolar o universitario: lo único que necesita son oportunidades en las que cada cual pueda demostrar lo que vale con sus resultados, aunque un título tan sólo debería de ser un indicativo de que se han seguido unos estudios o se han aprobado unas pruebas o exámenes, pero no un impedimento para que, por ejemplo, cualquier curandero pueda abrir una consulta y cure las enfermedades que otros médicos con todos sus títulos universitarios no son capaces de sanar. O que cualquier hijo de vecino pueda demostrar que un diseño suyo por ordenador de un motor de coche, puede hacer ahorrar hasta un 90% el gasto de carburante, sin tener que ser necesariamente un titulado ingeniero de motores de la SEAT. Y en esto apelo a la libertad de trabajar de verdad en lo que se quiera, a que no encuentren impedimentos gentes como yo que no han podido ir a la facultad, ni han obtenido un título universitario, pero que podría servir para cualquier cosa. En esto abogo por la eliminación de los títulos, y de palabras como “fracaso escolar”, como si los títulos de las escuelas, fuera como una clasificación de las categorías humanas, una especie de definición de castas, que señala que sólo puedes trabajar de esto, pero no de aquello. Creo, queridos padres, que las reformas educativas deberían ir encaminadas en este sentido, y que la sociedad debería ser más libre y flexible, eliminando todos estos reglamentos, normas y leyes que impiden hacer muchas cosas positivas para el país. En la actualidad, por desgracia, todo el sistema educativo del país es una mierda, pero por lo menos se agradece poder disponer del invento de la informática y el internet, que tanto ha cambiado y va a cambiar nuestras vidas. Con eso de dominio de la informática, afortunadamente no todo está perdido en la educación, cuando ya ni los mismos maestros nos valen

¡Ah!,…y si queréis saber mi título escolar: pues a duras penas fue “Graduado Escolar” de una E.G.B., con la clasificación de “SUFICIENTE”. De modo que este ridículo papel de cartulina, expedido por el ministerio de educación y ciencia, ejemplo de vergüenza del sistema educativo que discrimina a las personas, para lo único que me ha servido es para que lo pusiera dentro de un marco con el que decorar la pared del cuarto de los trastos. Con la escuela actual, y con tantas “facilidades” como las de hoy día, más “burro” no podía haberlo sido.