domingo, 31 de octubre de 2010

LOS BONOS DE LA GENERALITAT (O EL “CORRALITO A LA CATALANA”)

Me he estado paseando por Gerona esta mañana y he visto anuncios por todas partes sobre una emisión de bonos que lanza la Generalitat, ofreciendo el 4,75% de interés. Un interés que puede parecer muy atractivo, cuando en esos momentos los tradicionales depósitos de ahorro a plazo, o incluso las letras del tesoro, apenas no dan de beneficio ni el insignificante 2% siquiera, y eso que en esos momentos el índice de inflación interanual ya supera oficialmente con creces el 3% (como los datos oficiales acostumbran a falsear la realidad, en la práctica, en algunos casos, incluso hay que multiplicarlo por 10 o más).

Me he preguntado: ¿qué ha sucedido como para que la Generalitat ofrezca a los ciudadanos una emisión de tan atractivo tipo de interés?. Pues ante todo que la cosa evidencia que tiene la caja vacía y que necesita sacar dinero de adonde sea, y busca endeudarse. Tiene que hacer frente a una serie de servicios y compromisos heredados de una época que las cosas económicamente iban bien y no faltaban los empleos, pero ahora con la crisis económica, se le han cortado muchas fuentes de financiación, aparte de que cientos de miles de personas se han quedado sin trabajo (es decir, que a consecuencia de todo este malestar social derivado de la crisis y los empleos destruídos, no logran recaudar lo bastante), pero necesitan responder de la paga de todos esos servicios y compromisos adquiridos anteriormente, y por eso no les queda más remedio que endeudarse. Ahora bien, cuando falta el dinero, lo que se suele hacerse es lo mismo que hacen empresas o particulares: buscar bancos o cajas que les concedan el dinero que necesitan en forma de créditos.

Es sabido que la Generalitat ya lleva unos años cerrando el ejercicio con déficit y habiendo que recurrir a los mercados financieros tanto nacionales como internacionales para pedir los créditos. Normalmente eso suele hacerse con emisiones de deuda que compran los grandes bancos, cajas, o corporaciones financieras. Pero lo que ocurre es que en épocas de crisis, hay un mogollón de instituciones, empresas y particulares que hacen cola en los bancos para pedir los créditos que necesitan debido a graves problemas de liquidez. Y claro los bancos sólo funcionan en parámetros de negocio y seguridad, y antes de conceder los créditos, se lo miran todo muy bien: te preguntan para qué lo quieres, qué pedidos tienes, cómo estás de clientes, de qué forma devolverás el dinero, en qué consiste tu empleo, qué garantías aportas, etc.., y si eres una institución gubernamental, el banco mira muy fríamente de qué va tu política, si es la acertada o no, si pondrá bien las cosas o no, especialmente la economía, etc...; y claro, los bancos también necesitan que la gente, sean empresas o instituciones públicas, vengan a pedirles créditos y ganar dinero con ello; pero cuando advierten un mayor riesgo, lógicamente más exigen en el pago de intereses por el crédito. Y como dice el viejo proverbio: “sólo se presta a los ricos”, que es otra manera de decir que sólo se presta a quien se está seguro de que va a devolver el crédito más los intereses. Eso quiere decir que tienen que mirarse y estudiarse muy bien a quien prestan el dinero que no sólo es del banco sino también de los millones de depositantes que lo confían en él.

Cuando una empresa cree que va bien y puede ampliar el negocio, a veces necesita hacer ampliación de capitales, y para ello lanza una emisión ofreciendo un atractivo interés para atraer a inversores, como es el caso de la empresa del Grupo Ruiz-Mateos (Nueva RUMASA) que hemos visto recientemente por la televisión. O el caso de la Telefónica cuando se vio en la necesidad de ampliar capital, pero que su garantía era que era la primera empresa del país en tegnologia y recursos, así como que ostentaba el monolopio de los abonados. Si el banco cree que su proyecto empresarial tiene segura viabilidad, no duda demasiado en concederle los créditos. Pero para asegurarse de ello, los bancos necesitan saber el estado de la solvencia de la empresa, institución o del particular que pide el crédito, y para ello existen lo que se llaman “agencias de calificación” (esas entidades raras que con frecuencia aparecen en las revistas de economía, o en la publicidad de los bancos) que investigan con unos métodos que sólo ellos conocen, y consiguen dar las referencias (algo parecido a la Gallup con las encuestas). Y de esta manera, cuando alguna empresa importante pide un préstamo, o alguna institución pide que le compren deuda, el banco primero mira con lupa la situación de quien la pide u ofrece. Y cuando más necesitado de dinero es quien pide el crédito y no cuenta con muy buena calificación, el banco le pone toda clase de impedimentos como otra forma de decir que se lo deniega, o se ve obligado a exigirle un tipo de interés mucho mayor asumiendo el banco su parte de riesgo. Y aquí empieza el problema: la solvencia de la Generalitat, a juicio de las prestigiosas agencias de calificación, presenta muy malas referencias, y por tanto los bancos le exigian un pago de intereses mucho más elevado, por lo que a la propia Generalitat no le ha quedado otro remedio que recurrir directamente a los ciudadanos para que compren su emisión de deuda. Además en su publicidad ha apelado a su patriotismo, pidiéndoles que lo hagan con “seny” (expresión catalana que quiere decir algo así como “razonable buen juicio”. Su garantía: la propia Generalitat, es decir, los impuestos que los gobernantes catalanes se van a ver obligados a subir. En el fondo puede que sea un recurso electoralista con el que el presidente de la Generalitat trata de repartir a última hora el dinero entre aquellas entidades e instituciones con mayor probabilidad de proporcionarle los votos que necesita para repetir. Se le pide a los ciudadanos que compren esa deuda en forma de bonos, pero lo curioso es que no participan en su comercializacion los dos bancos españoles más importantes: el Banco Santander del veterano y exitoso banquero Emilio Botín, y el BBVA de Francisco González. Mala señal que los dos banqueros más importantes del país no quieran comprar deuda de la Generalitat, ni participar en su comercialización. Todo un indicador de que en muy mala cosa anda metida la Generalitat, como para que ambos banqueros no confíen en ella.

Pero cuidado, toda esta broma se tendrá que pagar con mayores impuestos, mientras no trabaje más gente y no existan otras vías de recaudación. Y puesto que ese dinero la Generalitat lo tendrá que colocarlo a través de los bancos y cajas, en realidad a la Generalitat (es decir, a todos los contribuyentes catalanes) no nos costará tan sólo ese atractivo 4,75% de los intereses, sino más bien un 8% aproximado por los gastos de la colocación a través de las entidades financieras que le prestan el servicio de intermediarios. Eso quiere decir, que la patata caliente del endeudamiento derivado de esa emisión de bonos la tendrá que coger el próximo vencedor de las elecciones catalanas del 28 de noviembre, y que en la práctica no se podrá llegar a pagar definitivamente, hasta que la economía repunte y genere el nuevo dinero necesario para reducir el déficit. Mientras tanto, lo grave es seguir crónicamente endeudados y seguir endeudandonos peligrosamente si no se toman las medidas adecuadas (cosa que de momento no se vislumbra por ninguna parte). Sin duda alguna, esa operación es algo muy parecido a un “corralito en miniatura” que recuerda el caso argentino en el que el gobierno tuvo que meter mano de los ahorradores congelándoles sus cuentas por ley e impidiéndoles que sacaran sus depósitos, para que el gobierno pudiera aprovechar los capitales que no podía conseguir tanto de los bancos nacionales como de los extranjeros.

Y otra cosa curiosa es que el gobierno de Madrid sigue encontrando compradores de deuda pública a través del Tesoro Público con unos intereses que apenas rozan el 2%, siendo China uno de sus principales compradores, mientras que los principales mercados financieros tanto nacionales como extranjeros son reacios a comprar Deuda de la Generalitat. Un indicador de la institución de gobierno de Catalunya despilfarra demasiado y algo va mal, como para no contar con la confianza de dichas entidades financieras.

De todos modos, y no habiendo en estos momentos otro producto financiero mejor, es recomendable que todos los que puedan lo aprovechen, pues es para un año y dos días, aunque con la crisis y con tanta gente en dificultades de llegar a fin de mes, da de pensar que sólo estará al abasto de la gente de siempre, la que anda sobrada de dinero.