domingo, 30 de enero de 2011

DE GOVERNOR-TERMINATOR A PRESIDENTE EN LA CASA BLANCA





En la última película de Silvestre Stallone “The Expendables (Los mercenarios)”, durante un breve rato aparece una escena donde se intercambian una cha-cha-ra los tres grandes del cine de acción: el propio Silvestre Stallone, Bruce Willis, y el ya ex “governor-Terminator” de California Arnold Schwarzenegger, con cierta pista irónica en el fotograma que parece indicar que el famoso musculoso actor tiene pretensión de presentarse a la presidencia de los Estados Unidos.

Conociendo la trayectoria de Arnie, podría ser posible que lo consiguiera, pero antes habría que reformar un importante punto de la Constitución estadounidense que limita la potestad de poder ser presidente si no se ha nacido en ese país, aunque se posea la nacionalidad estadounidense, teniendo en cuenta que el ex gobernar-terminator californiano nació en la europea Austria.

Y aunque europeo de nacimiento y norteamericano de vocación, Schwarzenegger es la personificación misma del sueño americano, del chico que parte desde cero, que sabe aprovechar las oportunidades que le presenta la vida, y a base de grandes trabajos, llega a multimillonario. Como diría una vez el mismo Arnold “Norteamérica es un país donde uno puede hacerse rico, y hasta con un poco más de suerte, llegar a casarse con una Kennedy”. Y ya sabemos que la familia Kennedy, en Estados Unidos, es algo parecido a la familia real de este país, que es totalmente republicano y no tiene nada de monárquico.

La crisis de valores por la que está pasando el mundo, precisa de tipos como Schwarzenegger, que como interpreta en sus películas, es un tipo duro capaz de lo que sea, con tal de salvar al mundo y casarse con la chica buena. Por lo visto, parece que fue el único capaz de salvar al mundo del Apocalipsis reencarnado en el Demonio que precedía al cambio del milenio, tal como lo mostró en su interpretación de la película “El fin de los días” en fechas de pasar del 1999 al 2000, cuando parecía que iban a estallar los ordenadores y con ello un caos a nivel mundial.

Hoy en día el mundo no se ha librado de sus demonios: sigue habiendo hambre, guerras, terrorismo, paro, impuestos, atentados ecológicos, discriminaciones de género, etc…. Todo aquello contra lo que Schwarzenegger intenta luchar en sus películas, y que en su última y auténtica película: en el papel de presidente de los Estados Unidos, como nación líder a nivel mundial, quizás Schwarzenegger podría hacer algo para dar palo duro contra todos esos Terminators que nos amargan la vida, y volver a los felices valores familiares representados en su película navideña “Un padre en apuros”, en la que hace todo lo posible para que se cumplan las ilusiones de los hijos. Ojalá que la constitución norteamericana cambiase, y permitiera que un nacionalizado norteamericano como Arnold Schwarzenegger, con méritos sobrados para ser ciudadano de este país, y con el prestigio y experiencia de haber completado los dos mandatos de governor-terminator de California, le permitiera poder ser nominado candidato a la presidencia en los caucus republicanos. No digo que salvara completamente a todo el mundo, pero algo haría, como ya le precedió otro conocido actor de Hollywood llamado Ronald Reagan.

¿Aspirará a la presidencia, tal como parece ser el mensaje oculto que pretende lanzar Bruce Willis en esta única escena de película que interpretó siendo el governor-terminator?. El tiempo lo dirá, aunque ofertas de trabajo en Hollywood seguro que no le van a faltar, porque Schwarzenegger es uno de esos tipos que todavía tienen cuerda y guerra que dar para rato. La competencia de Bruce Willis y Silvestre Stallone está servida, aunque ha sido un placer ver juntos en un diálogo gracioso a los tres ídolos de las películas de acción. Schwarzenegger seguirá dando de qué hablar, con toda seguridad. Otro tema es “Terminator for President”.