
Precisamente el sector de la construcción es muy importante como motor de actividad económica, si se ajusta a unos precios justos y accesibles, ya que la compra de vivienda trae consigo la compra de muebles, electrodomésticos, coches, y una nivelación del consumo. No obstante, y desde hace ya mucho tiempo, algo rompió ese equilibrio, por lo que antes hay que hacer un análisis:

La construcción ha sido seriamente tocada por dos grandes males: la especulación, y las rígidas normas que lo han encarecido todo. La especulación tiene su origen en la facilidad de prestamos que iban otorgando los bancos cada vez por un período más largo, cuando en principio hace unos 30 años, lo habitual era que las hipotecas no sobrepasaran como mucho los 15 años, ocurriendo en muchas ocasiones que las hipotecas ya terminaban amortizadas antes de esos 15 años. Hoy en día hemos llegado al punto de que las hipotecas no logran financiar ninguna vivienda si no es para más de 35 ó 40 años, todo el período de toda una vida laboral, complementado con la jubilación, si no hay suficiente para pagarlo. Ese alargo de la hipoteca a llevado a una brutal subida del precio de la vivienda, especialmente sobre el suelo, que ha enriquecido a propietarios de solares, y a promotores-constructores. Llegó un momento que a falta de dinero en los bancos para seguir prestado, a originado el cierre del grifo del dinero, la cual cosa ha paralizado la actividad constructora, y el afán de solicitar hipotecas aunque ahora los tipos de interés estén bajísimos, bajando los precios de aquellos inmuebles que tienen necesidad desesperada de ser vendidos, algunos ya rozando el precio de coste. La falta de dinero para prestar por parte de los bancos (la crisis financiera de la que tanto se ha hablado en los dos últimos años, y que ha obligado a los gobiernos a inyectar dinero público a los bancos y cajas), y la falta de garantías para la devolución, ha terminado con la alegría constructora de los pasados años, pasando ahora a la cruda crisis que ahora estamos padeciendo, con obras paralizadas sin financiación, y sin compradores, y con muchísimos ex currantes del ramo engrosando las filas del paro, dejando por el camino a un montón de gente endeudada hasta la camisa.


Por otra parte, con la liberalización total del sector, libre de trabas, de normas administrativas, y de impuestos,...tan sólo en una única cosa debería de intervenir la Administración, a mi modesto juicio: en la elaboración de una ley hipotecaria, que prohibiera a los bancos la concesión de hipotecas por encima de los 15 años, que serviría no sólo para impedir la especulación y para evitar que la gente se endeude de por vida, sino también para que ayude al mercado a anivelar a su precio justo el precio real de la vivienda con suficiente margen de beneficio para los constructores.
Nuestro país está muy necesitado de viviendas a precios accesibles (no esas miles viviendas vacías, a precios desorbitados consecuencia de la especulación que ya he mencionado anteriormente), y esos cambios en el sector de la construcción son muy necesarios, puesto que su activación y estímulo, animaría a los inversores y particulares que necesitan vivienda o reformas de los inmuebles que ya tienen, y este nuevo impulso haría posible la creación y mantenimiento de nuevos puestos de trabajo y reactivación del consumo, que buena falta en los revueltos tiempos actuales de paro y crisis económica.
Por otra parte, ya que el gobierno y los llamados “agentes sociales” hablan tanto esos días de “reforma laboral”, en el caso de la construcción, la única reforma laboral que opino que puede terminar con el paro, es liberalizar de trabas administrativas, de impuestos innecesarios, y de costes de contratación a los empresarios, autónomos y emprendedores. Se debe de garantizar una contratación que libere de futuras indemnizaciones, de impuestos, y que permita totalmente el despido libre cuando sea necesario. Sólo así es posible que los emprendedores puedan contratar gente sin complicaciones, manteniendo a los mejores, y de esta manera contribuir a reducir las cifras del paro. No existe otra formula mejor, que yo sepa. Y si no se apoya a los emprendedores, que son los únicos con ideas y capacidad para crear puestos de trabajo, no conseguiremos acabar con la lacra del paro ni salir rápidamente de la crisis.
Como dicen los franceses “quan le bâtiment va, tout va” (cuando la construcción va, todo va), si descuidamos que sea posible tan sabio proverbio, nuestro país tendrá complicadísimo de salir adelante, y la economía de subsistencia (y subterránea) en la que ya estamos metidos, se verá sometida como siempre a sido: a la ley del más fuerte. Quienes tienen el poder de hacer cambiar las cosas, ya están avisados, y por mi parte ya saben qué tienen que hacer en el sector de la construcción para arreglar el paro y la crisis. Palabra de albañil.
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