martes, 23 de febrero de 2010

SI PIERDES LA CABEZA, VUELVE A COLOCARLA EN SU SITIO.

Algunas veces solemos perder la cabeza, y son muchísimas las personas que las pierden con frecuencia: personas con un genio de los mil demonios, inestables, prepotentes y arrogantes, desequilibradas, depresivas, agresivas, insociables, que pierden los nervios y el control de sí mismos, etc... Son el tipo de gente que muchas veces inconscientemente crean desconfianza en los demás, que las personas que tienen alrededor se les distancian por considerar que son seres problemáticos, que al no saber cómo van a reaccionar, procuran evitarlos y mantenerlos en la distancia, y en todo caso muchísimas veces hasta ignorarlos con completa indiferencia, puesto que son seres que complican enormemente la convivencia. La vida es un gran escenario de locos y necios, con el que inevitablemente uno se topa con frecuencia, con esa lamentable clase de seres.

Yo diría que eso se da frecuentemente entre personas de muy bajo nivel educativo, que cometen toda clase de torpezas en la lucha diaria por la supervivencia en la que todos de una manera u otra tratan de sobrevivir saliendo adelante en esa inevitable rueda que no para que es la vida. La cosa se agrava cuando se vive al límite, a causa de diversos factores como la miseria, la falta de empleo, vivir en lugares sobresaturados e insalubres, estar marginados, estar por ejemplo: ahogados por la hipoteca y por deudas, tener que estar soportando a otras personas inestables también (que suelen ser causas de divorcios, o de aguantes en el puesto de trabajo), etc... En fin, aquellos factores que también deberíamos calificar como de “tener mala suerte en la vida”.

Lo malo de este tipo de personas es que la actitud de perder la cabeza vuelven a repetirla varias veces a lo largo de su vida. Son seres bastante inestables, y por ende problemáticos, y casi siempre infelices. Y además es algo muy pesado de aguantar si se tratan familiares con los que hay que convivir;... o “compañeros” de trabajo, la cual cosa supone mayor carga de aguante psicológico, cuando esa persona inestable está por encima de la jerarquía laboral, y el trabajo va ligado inherentemente a esa persona inestable y neurótica. Eso se traduce en que vas a tener que soportar gritos, humillaciones, manipulaciones, faltas al respeto, descalificaciones, etc...., algo que bien podría calificarse de lo que hoy en día anomenan “maltrato psicológico”, pero que muchísimas veces no se puede demostrar para poder denunciarlo, conllevando también el riesgo de pérdida de trabajo. Eso último, en esos tiempos actuales de crisis y escasez de empleos, se hace aún más insoportable de modo que hasta pueden llegar a enfermar mentalmente quienes no tienen suficiente fortaleza de carácter como para aguantar a los neuróticos de turno que toca soportar. Lamentablemente, siendo el ser humano bastante defectuoso precisamente por esa misma razón última, se hace inevitable toparse con personas de este lamentable estado psicológico (muchas veces también físicamente agresivos), que de alguna manera representa una parte visiblemente violenta de la persona en sí. Cabrearse innecesariamente, exteriorizar la mala leche en los demás,...inevitablemente trae malas consecuencias e indispone a los demás que están alrededor. Y lo peor de todo esto es que esos locos, no solo vuelven locos a los demás, sino que también hacen a algunos igual de loco y cabrón como el primero, puesto que muchas veces como dice el refrán: “lo malo sin maestro se aprende”. La experiencia me dice que cuando te encuentres con esa clase de persona, lo mejor es evitarla e ignorarla, pues es claro que meterse con ellas o tolerarlas conlleva a la larga una fuente de problemas que no vale la pena de meterse o complicarse innecesariamente la vida; además ese tipo de personas nunca son rentables ni de aparente utilidad alguna en la vida

¿Tiene solución esto?. Pues creo que una vez perdida la cabeza, se hace necesaria volver a ponerla en su sitio y ser razonable, y luego es preciso aprender a controlar los impulsos propios y saber aprender a dominarse, y también como mínimo saber pedir disculpas a las otras personas que han padecido los desequilibrios y agresiones psicológicas del interesado, reparando el daño cometido a los demás, y no volver nunca más a repetir, pues cuesta muchísimo volver a restablecer la confianza en los demás, así como ser perdonado y olvidado por una agresión física o psicológica cometida aunque fuera inconscientemente. Como dice el proverbio: “las virtudes ajenas se escriben en la arena, pero los defectos se esculpen en el bronce para nunca más ser olvidados”, es decir, las cosas malas de las personas, difícilmente se olvidan, dejando una profunda mancha difícil de borrar en la reputación. Una vez vuelta a tener la cabeza en su sitio, se hace necesario mirarse como en un espejo, porque todos somos ese espejo en el que se reflejan los demás: cuando nos evitan o nos miran con malos ojos, es que algo va mal en nosotros mismos (salvo que sean otros desequilibrados los que te miren).

Creo que es también cuestión de educación: cuanto más culta y sabia es una persona, menos desequilibrada suele ser. Y cuanto más necia, más cabrona e inestable. Vamos, que a cuanto más loca, más tonta, inevitablemente y lamentablemente. En la vida existe montón de gente así, y en medio de todos esos locos cabrones, hay que saber salir al paso y no dejarse contagiar por la enfermiza locura de los demás. Intentar ser feliz mientras se pueda, y rodearse y cultivar a la gente que de verdad cuenta, puesto que las demás son todo una inútil pérdida de tiempo.

Para terminar, quisiera añadir el sabio proverbio árabe que dice: “Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”. No perdamos más el tiempo en sufrimientos y en soportar personas neuróticas y problemáticas. Luchemos por ser felices, y hacer felices a aquellas personas que de verdad queremos, admiramos y apreciamos, porque de verdad han demostrado que se lo merecen. Todo lo demás es una pérdida inútil de tiempo, que obviamente no merece la pena.
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