sábado, 28 de marzo de 2009

EL REY NIKITA, LOS “TIBURONES” BURSÁTILES DE WALL STREET, Y LOS PARAISOS DEL GRAN CAIMAN

El primer libro (y el más importante, claro y nítido) que leí sobre la Bolsa, lo leí cuando tenía unos 15 años, prestado en la biblioteca local, pero que no sé por qué, desapareció misteriosamente, dado que varias veces he intentado reencontrarlo sin éxito. Lo escribió un húngaro, del país más capitalista de los que antiguamente formaron el antiguo bloque del Pacto de Varsovia, cuando Hungría era un país satélite de los rusos, al otro lado de lo que entonces llamaban “telón de acero”. Ese húngaro, de cuyo nombre no me acuerdo, explicaba cómo había hecho su fortuna en inversiones de la Bolsa, y cómo lo habían hecho otros personajes, especialmente el rey Nikita, soberano de no me acuerdo qué país del antiguo bloque del Este a principios del siglo XX cuando todavía no estaba bajo la tutela de Moscú. Ese húngaro terminaría yéndose a vivir a los Estados Unidos, país del cual dijo que le propusieron ser Secretario del Tesoro (el equivalente español al ministro de economía y hacienda), pero que no quiso serlo. Pero ya no me acuerdo ni del autor, ni del título del libro, pero si me acuerdo de un interesante capítulo titulado “El rey Nikita”.
Desde entonces me he interesado en la Bolsa, sobretodo cuando un maestro de escuela que conocí entonces, y que era claramente de derechas (aquellos eran los primeros años de la transición política, y el profesor que me lo explicó era un giscardiano, un partidario del entonces presidente francés, antes de que llegara al poder el socialista Mitterand), me exponía que las inversiones en Bolsa era una de las maneras de hacerse ricos, pero también de arruinarse, cuando por aquellos tiempos muy poca gente sabía sobre Bolsa, y cómo mucho sabía lo que era una libreta a plazo fijo, por ejemplo, del tipo “Fidecaya, el ahorro más premiado” de la caja de Edmundo Alfaro, el mejor slogan financiero de los últimos años de la etapa franquista. Yo, claro, en aquellos tiempos no tenía nada de dinero, y por eso no me tomé muy en serio las indicaciones de aquel libro. A partir de aquí, como en muchas otras cosas que he sido autodidacta en la vida, aprendí poco a poco algo sobre las Bolsas. Quizás las explicaciones tan claras de aquel libro, fueron la razón por las que desapareciera tan misteriosamente (seguramente alguien se habrá hecho rico con las indicaciones de aquel libro). Por si algún día alguien lo encuentra, creo que allí están las claves que exponen cómo tener suerte y hacerse rico especulando con las acciones de la Bolsa. Para saber de a qué libro me refiero, el presunto libro tiene que decir algo de que su autor es húngaro, que no quiso ser Secretario del Tesoro de Estados Unidos, cuando tuvo esa posibilidad; y que tiene un exclusivo capítulo dedicado al rey Nikita. Por favor, si algún amable lector de mi blog lo encuentra, me avise cómo puedo encontrarlo.
Sin embargo, un día vi la película de Oliver Stone, titulada “Wall Street”, por la que Michael Douglas (el hijo del famoso actor Kirk Douglas) obtuvo un Oscar, en la que se veía más claramente una exposición muy aproximada a la realidad sobre la existencia de grandes hombres de negocios, de probada astucia, que se hacían ricos especulando con los movimientos de las cotizaciones, como por ejemplo el tal Gordon Gekko en la ficción. Si los años 60 y 70 fueron las décadas de los hippies, de los del “haz el amor, no la guerra”; en la década de los 80 aparecieron los agresivos “yuppies”, la generación de ideales y principios bastante distintos a los hippies, cuyo objetivo era el triunfo a cualquier precio en las empresas, sobretodo las relacionadas con las financieras; por eso se llamó la década de la codicia. Aparecieron los llamados brokers, y los “tiburones de la bolsa”, en que tipos reales como Iván Boesky, Dennos Levine, o el más reciente Bernad Madoff, cuyos conocimientos de la ingeniería financiera, los aprovecharían para apostar con las especulaciones de las acciones (eso son participaciones de la propiedad de la empresa): eso es comprarlas y esperar a que suban para luego venderlas a otro comprador. Un broker es normalmente un tipo que sabe bastante de economía y de análisis técnico de empresas y acciones, y con su trabajo espera obtener buenas comisiones con el dinero que invierten los otros; un ··tiburón· es normalmente un tipo con mucho dinero, y como el mismo nombre indica, un depredador, que se aprovecha de las situaciones de otras empresas o acciones, para con sus OPAS hostiles, o especulaciones con las volalitidades de los valores que provocan sus tejemanejes, obtener unos grandes beneficios consecuencia de todo lo demás. Eso sobretodo en Wall Street, referente y espejo del resto de las bolsas mundiales, porque siempre ocurre que cuando la bolsa de Nueva York sube, las del resto del mundo suben; y cuando baja, normalmente otro tanto ocurre con el resto de las bolsas. La posesión de esas acciones antes eran papeles en forma parecida a las pólizas de notarios, ahora son simples anotaciones bancarias, de modo que ya no son necesarios los papeles y con la anotación del banco ya hay más que suficiente, y ese apunte bancario vale como documento garante. El escritor norteamericano Tom Wolfe, en su libro “La hoguera de las vanidades”, hace una buena exposición de la llamada década de la codicia, con una exposición de los líos personales en los que se mete un broker de la Bolsa neoyorquina (el libro sería adaptado al cine, con la interpretación de Tom Hanks –el broker-, Melanie Griffi –la amante del broker-, y Bruce Willis –el periodista alcohólico-).
Como aparece en la película “Wall Street”, el inversor financiero Gordón Gekko, es un hombre de actividad muy agresiva, que conoce a fondo todos los tejemanejes del sistema capitalista, es como él mismo se autodefine un jugador, procurando que los demás “no se la jodan”: tiene abogados a su servicio, empleados que siguen sus indicaciones, varias cuentas bancarias con las que despistar a los inspectores de hacienda, diferentes cuentas en paraísos fiscales como las Islas Caimán con cuentas secretas numeradas, varias empresas camufladas,…y él es cómo el director de una orquestra que con la batuta dirige la música, es decir, el movimiento del dinero. Porque como el mismo Gordón Gekko indica en la película, lo más importante de todo esto es la información, y para ello tiene una tupida red de espías, detectives e informadores que le pasan toda esa información de la que debe de tener conocimiento antes que nadie para saber cuándo comprar o cuando vender en la especulación de las acciones o inmobiliaria. Hoy día, el que conozca todas esas cosas, y además cuente con toda esa cantidad de información privilegiada que pueden pasarse en las bases datos de un ordenador, filtrándolos,..tiene muchísimas posibilidades de acertar en esa especie de juego mezcla de Monopoly y apuesta de Casino, que es la Bolsa. No importa si con esos movimientos algunas empresas se hundan o tengan que despedir gente, lo que de verdad importa es el juego, y con ese juego la emoción del inversor-especulador, que lo que siempre desea es ganar, y cuando más grande la tajada, mejor. Como ya indicaba el mismo exitoso “tiburón” Gordón Gekko en una escena de tenso diálogo en la película Wall Street a su discípulo-empleado el broker Bud Fox (personaje interpretado por Charlie Sheen): “yo no estoy para salvar empresas o crear puestos de trabajo, yo simplemente POSEO y saco el máximo de beneficio”,…porque para él, el dinero ni se crea ni se destruye, sino que simplemente se transforma,….y que la riqueza tan sólo la crea un tercio de la gente trabajando, y que el resto de los dos tercios procede de herencias, intereses acumulados sobre intereses, y dinero depositado en forma de cuentas a plazo, fondos de inversión, o acciones de empresas,…y que en eso segundo entra él como especulador, porque como ya había dicho, él no es un creador de riqueza, ni de puestos de trabajo,….sino simplemente un tomador del dinero, un poseedor, y en últimas palabras, un especulador, que se aprovecha de los vaivenes de las cotizaciones de las acciones y demás valores inmobiliarios. El dinero es un agente corruptor de fuerza extraordinaria, que emponzoña la conciencia y puede hacer perder la moción del bien y del mal, porque es algo que cuesta muchísimos sudores ganarlo, removiendo mucha mierda, soportando elevadas dosis de paciencia, y aguantando muchos defectos de la gente,…por lo cual si se puede ganar de un modo rápido y fácil, mejor,…porque entonces uno puede darse a la gran vida, evitándose todas esas penalidades, humillaciones y sinsabores que acompañan a la acción de sobrevivir, y poder disponer finalmente de todos los lujos, obtener las comodidades, comprar las putas, etc.., de modo que finalmente la miseria de los demás no llega a preocupar para nada, sino simplemente la emoción del dinero tan fácilmente ganado con la astucia,….ya que eso es algo posible e inherente al sistema capitalista de libre mercado, donde existen unas reglas de juego propias del capitalismo basadas en la total libertad, en las leyes de la oferta y la demanda,….enfín, ese capitalismo puro y duro al que hacia referencia el mencionado Gordon Gekko. Ya me lo contaba una vez mi padre: “esas gentes son de otro mundo: manejan a paladas los millones, igual que tú manejas la pala para llenar la hormigonera. Ellos lo saben todo sobre el dinero, las trampas legales, y las situaciones del mercado a cada momento, igual que tú sabes cómo elaborar un buen mortero para cada caso.” Como el español Mario Conde, que supo dar el pelotazo con lo de los laboratorios farmacéuticos italianos del Frenadol, el mejor medicamento de alivio contra la gripe o el resfriado en los años ochenta, que le sirvió de trampolín para obtener el dinero con el cual aparentemente hacerse dueño del Banesto. O como los ya mencionados Iván Boesky, Dennis Levine, Bernad Madoff, u otros que todavía no han sido tocados o descubiertos de irregularidades por una supuesta Comisión Nacional del Mercado de Valores, tales como los famosos financieros norteamericanos Waren Buffet o George Soros, dos de los hombres más ricos del mundo gracias a actividades especulativas de las que ellos son maestros. Son todos ellos unos magos de las finanzas que conocen todos los trucos, unos ingenieros de las finanzas que lo saben todo como un ingeniero sabe sobre las funciones de una máquina ideada por él a partir de elementos conocidos. Ellos saben sobre las situaciones de las empresas, sus proveedores, sus mercados, sus fuentes de financiación, las vías por las que obtienen los fondos, emisiones de deuda que sacan al mercado, o los llamados “bonos basura”; los apalancamientos financieros que garantizan operaciones a través de paraísos fiscales, los reglamentos fiscales y las trampas de letra pequeña. Lo saben todo de finanzas y de leyes, como el mago David Copperfield lo sabe todo sobre ilusionismo, y sabe cómo hacer cada truco sin que los demás se den cuenta. Saben cómo empujar los acontecimientos para que las subidas o bajadas de acciones bursátiles se muevan conforme a sus intereses. Tienen una sotisficada red de espías (informadores a sueldo) en las empresas y hasta en los gobiernos, tienen gabinetes de abogados para que estudien los determinados casos legales, mucha información importante que acumulan en sus ordenadores privados de acceso secreto, varios planes tipos “plan B” por si meten la pata a las primeras, etc…Pero de vez en cuando la codicia incita a algunos a cometer algunas irregularidades, a hacer trampas en las reglas de juego, que en cuanto se descuidan, la Comisión Nacional de Mercado de Valores, o algún fiscal de delitos monetarios, se meten con ellos, y entonces les empiezan todos los problemas.

Juegos especulativos aparte, con toda la codicia y rapiña que ello conlleva, las bolsas también suelen ser un reflejo de la economía del país: en épocas de vacas gordas, la gente anda abundante de dinero, y se pone a comprar más acciones, revalorizándolas. En épocas de vacas flacas, la gente necesita dinero y se pone a vender lo que tiene en bolsa, y eso hace que las cotizaciones bajen. Aunque también el valor de las acciones tiene de ver con la marcha o perspectivas de generación de beneficios de la empresa: si por ejemplo, Bayer, que es la fabricante de la aspirina, descubriera un nuevo fármaco que cura totalmente el cáncer o el SIDA, inevitablemente sus acciones subirían, tanto porque la empresa vendería más como porque sería una apuesta segura con garantías. Recuerdo que hace pocos años, con el advertimiento del teléfono móvil, las acciones de Nokia llegaron a revalorizarse hasta poco más de un 7000%: si hubiera entrado en su momento con todos mis ahorros, y haber salido también en el punto alto de la cotización, ahora sería un hombre millonario y rico. Y de aquí el atractivo de la bolsa. Pero hay que andarse con cuidado con las especulaciones: lo ocurrido con las burbujas de internet o las inmobiliarias, han sido un claro ejemplo: no era normal que un simple portal de internet como Terra tuviera que valer más que algo tangible como sería, por ejemplo Endesa, con toda su infraestructura que reparte electricidad a todo el país. Pero la gente, sin saber por qué, empieza a ver que otros compran y las acciones suben, o que suben los precios de los pisos,…y entonces les tienta la codicia para seguir comprando y conseguir más beneficio,….hasta que se llega a un punto en el que la cosa no vale lo que de modo artificioso han provocado esas compras compulsivas,…y estalla la burbuja, arrastrando a todos los demás. Entonces todos se asustan, venden para poder recoger beneficios o para no perder aún más, y consecuencia de ello empiezan a bajar las cotizaciones en picado. Y es que en un momento u otro, los mercados han de digerir la situación y hacer la digestión, poniendo los precios exactamente donde corresponden. Un inversor astuto ha de saber cuándo es el momento de comprar, y cuándo es el momento de saber vender: ya lo dice un viejo dicho de la Bolsa: “el último duro tiene que ganarlo otro”.

Actualmente, como que en el banco no dan casi nada, debido a la bajada de los tipos de interés, si nos fijamos bien, podemos encontrar bastantes acciones que nos dan como dividendo el equivalente entre el 6 y el 12% de lo que te darían en una cuenta del banco: la cuestión es saber acertar, sobretodo en empresas estables y de conocida solvencia, con un buen historial de que son empresas con beneficios, como serían los casos de BBVA, Banco Santander, o Telefónica, por citar tres ejemplos. Cuando se miran las páginas de los periódicos o revistas que hablan sobre la Bolsa, hay que fijarse especialmente en dos cosas: Consenso de mercado (normalmente suele indicar de 0 a 5), y es la valoración que hacen los analistas sobre la recomendación de compra, es decir “la opinión” de esos gurus llamados técnicos analistas de bolsa. Y el PER, es decir, aproximadamente los años que tardarías en pagar el valor de la acción con los dividendos que te darían con ellas. Normalmente un PER por debajo de 15 ó de 10, significa que la acción está muy barata, …y es lo que ocurre en tiempos de crisis como ahora. En tiempos de alzas bolsistas, se hace más difícil encontrar acciones con un PER bajo, y digamos que es bastante normal encontrarnos con un PER de 30-40, …pero de lo que se trata aquí en la Bolsa es más bien de especular: conseguir que las acciones suban más su precio, para otro momento venderlas y recoger los beneficios de ese modo, en vez de los que proporcionan los dividendos..

No obstante, para meterse a inversor en bolsa, hay que saber que en Estados Unidos, y en Inglaterra, por ejemplo, no tienen garantizadas las pensiones por el Estado como lo es España o Alemania, y por ello allí la gente invierten más sus ahorros en fondos de inversión privados, y en Bolsa. Por esa razón, periódicos con buena información económica tales como “Wall Street Journal”, o “Financial Times”, sólo se dan en esos dos países de habla inglesa. Por eso el estudio del idioma inglés, aparte de poder ligaros a alguna guiri en Playa de Aro, o Lloret de Mar, ha de serviros también para poder leer esos periódicos, y para poder hablar en la lengua que os hará falta a la hora de abriros una cuenta numerada en las Islas Caimán, o Las Bahamas, los principales paraísos fiscales del mundo, donde existe el secreto bancario. Por lo menos aquí tenemos de cerca el Principado de Andorra, país cuya legislación tolera y consiente el secreto bancario, y al alcance de quien no domine el idioma inglés. Por eso, en la escuela, cuando os enseñen el idioma inglés, si sois un poco listos, pensad que básicamente tan sólo os puede servir para eso, aparte de para ir como turista o como inmigrante en un país de habla inglesa
Y por qué existen secretos bancarios en los llamados “paraísos fiscales”, y en los países normales no. Primero cabe saber que el secreto bancario apareció en Suiza en los años treinta del siglo pasado cuando los judíos eran perseguidos por razones racistas, para que éstos sus dineros pudieran ocultarlos y ponerlos a salvo de los expolios de los nazis. Eso hizo de la tradicionalmente neutral Suiza un país que sacó mucha rentabilidad en el negocio de banca. Y ante la necesidad de esconder o de dejar a buen recaudo alguna parte del dinero, aparecieron pequeños países independientes donde unas leyes toleraban en su territorio soberano la existencia de entidades bancarias con secreto bancario. Especialmente en algunas islas del Caribe, por su proximidad con los Estados Unidos, lugar del mundo donde más circulaba la mayor cantidad de dinero. Como los antiguos piratas que escondían sus tesoros en determinados lugares secretos de aquellas islas caribeñas, ahora en versión moderna, quienes pueden, esconden o dejan a buen recaudo sus dineros en esos pequeños países con unas leyes que garantizan esa opacidad, aparte de que es buena fuente de ingresos para el propio pequeño país. Aquí en Europa tenemos los casos de Mónaco, Andorra, Leichsentein, San Marino, la propia Suiza o Luxemburgo, y hasta el mismo pequeñísimo Estado del Vaticano a su manera, con la garantía de la persona del Santo Padre. Y creo que eso es algo bueno, porque el día que se levante el secreto bancario, la gente volverá como en la Edad Media: esconderá sus tesoros en el agujero de los sótanos de sus casas,….y de este modo ese dinero no aprovechará para ser rentable o para financiar necesidades de empresas o de los propios Estados, cuando necesitan recurrir a financiación bancaria para sus inacabables gastos públicos. Pensad que a partir de unos 3000 euros podéis tener una cuenta en las Islas Caimán; en Andorra, a partir de los 30000 euros, pero en Mónaco, ha de ser de más de 300000 euros. El rico puede abrir cuenta en el glamoroso principado monegasco, el buen ahorrador en Andorra, y el que logre ahorrar cuatro perras, ya puede esconder su dinero en las Islas Caimán. Pero os advierto que no son bancos normales, y que tienen unas comisiones de mantenimiento muy altas, pero a cambio ofrecen unos servicios de atención personalizada. Y eso os lo digo porque el otro gran depredador, no es que sean solamente esos ya mencionados tiburones, sino que es el propio Estado a través de los impuestos (más te gravan, cuando más dinero tienes), o el Monstruo Judicial que te lo puede quitar todo: por ejemplo, por mala suerte tu perro muerde a cualquier fulano, y ese te pone una demanda judicial, con ello puede llevarte a juicio y llevarse unos cuantos millones tuyos de indemnización. Por eso la vida no es segura, con depredadores tales como el Estado, o los Tribunales, que te pueden dejar sin nada, y ya se sabe que duele mucho que a uno le quiten todo ese dinero que ha costado muchísimos sudores y sacrificios el conseguirlo. Y no digo que os puede robar cualquiera de modo legal, como por ejemplo, a través de las pensiones que os exige vuestra ex amante. Por eso os digo, mientras podáis, dejad parte de vuestro dinero en un paraíso fiscal, y pensad que, por ejemplo, en una isla muy pequeña de tan sólo 262 kms cuadrados y con un censo de tan sólo unos 30000 habitantes, como son las famosas Islas Caimán, tiene más de 500 bancos (muchos de los cuales son sucursales de los principales bancos mundiales, con otro nombre camuflado), y allí está aproximadamente entre 1/5 y ¼ parte de todo el dinero existente en el mundo. Así que aquello es un lugar que sólo tiene hóteles para turistas y bancos que atienden los ahorros y negocios de los supuestos turistas. Se quejan los políticos de que con la crisis actual los bancos se han quedado sin liquidez, y han tenido que inyectar dinero público para ponerlos a flote, y sin embargo nadie menciona que en esas pequeñas islas caribeñas está depositado el dinero que si tuviera garantías de seguridad, es el que si se pusiera en movimiento, relanzaría de nuevo la economía que ahora está estancada a la espera de acontencimientos. Claro, será que los políticos tienen allí también sus cuentas escondidas, y por ello es un tema del que nadie habla ni menciona. Sabed, por ejemplo cuando os vayáis de compras o a esquiar a Andorra, y veáis bancos andorranos, detrás de esos están los otros españoles que conocéis, como por ejemplo: Credit Andorra (La Caixa), Banca Privada de Andorra (Caixa de Catalunya), o Banca Mora-Banca Internacional ( BBVA ). Si por ejemplo, queréis abrir una cuenta secreta numerada en Andorra, os bastará el informe de buenas referencias que os proporcione el director de la sucursal del banco español donde tengáis una cuenta y que dicho banco sea la matriz o tenga algún tipo de vinculación con el banco andorrano. Eso os puede dar cierta seguridad frente a los abusos contributivos del Estado, o de la acción judicial en el que os halléis metido, amparado con el secreto bancario que protege la ley andorrana.

Mis explicaciones son para que tengáis conocimiento de esas cosas de las que nadie os informa, pero ahora por ahora no os aconsejaré en nada más. El que quiera saber más, que se espabile. No quiero que nadie se haga rico a mi costa, aprovechándose de mi información privilegiada, ja, ja, ja,…, y eso de que hoy por hoy tan sólo soy un simple empleado mileurista, con trabajo precario e inseguro. El único consejo que os doy es el siguiente: el dinero que ganéis trabajando, lo ahorráis, y cuando os sobre, apostáis algo en bolsa, comprando sobretodo en ciclos bajistas como los actuales de tiempos de grave crisis económica, porque a largo plazo en la bolsa siempre se gana. Cuando saquéis algún beneficio en bolsa, la mitad volved a reinvertirlo, y poco a poco iros convirtiendo primero en una especie de broker, y luego en un tiburón bursátil: especulad todo lo que podáis, porque de esto último se trata lo de meterse con la Bolsa. Observar a diario las cotizaciones del teletexto, anotar información económica relevante, seguid pistas, etc…Personalmente me cae muy bien la gente lista y astuta, los tipos como Gordon Gekko que conocen bien el sistema capitalista y se aprovechan de él,… y por eso os deseo que tengáis mucha suerte, y que os hagáis ricos con la especulación, porque si lo lográis es que habéis trabajado bien y a fondo el tema…, luego compraros buenos yates, mansiones, pista con avión privado como el del Julio Iglesias, lujosos coches, hermosas acompañantes que os alegren el día, ….seguid jugando y apostando, y los demás cabrones ¡que se jodan!. Y guardar vuestros beneficios en los paraísos fiscales, porque la suerte no tiene vocación de ser eterna. En ese mundo nada mejor como el dinero, que por él sobrevivimos cada día, siendo muchas veces la única razón por la que vivimos esa vida, y si podemos conseguirlo y poseerlo en abundancia, mejor que mejor.

Pero antes de terminar quiero adelantar algo: mis previsiones para el nuevo repunte bursátil, son que a medio plazo el dólar se igualará al euro, o más bien llegará a valer más que el euro. Por lo cual se recomienda una buena provisión en moneda dólar, y apostar por los mejores valores del Down Jones (mi preferido es Coca-Cola). Entonces de nuevo Wall Street hará de inercia que empujará al resto de las bolsas mundiales. Creo que el futuro está en las naciones donde se prima la libertad de empresa y donde se reconocen los valores del trabajo y del esfuerzo. La vieja Europa, con sus residuos de políticas sociales, puede verse retrasada. Si lo último fue la "década de la codicia", lo que ha de venir, más bien será la "década de la astucia". Aprovechemos, pues, el capitalismo, la libertad de mercados, y la transparencia que aportan las bolsas de valores cotizantes,....¡y que haya suerte!.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

André Kostolany "El fabuloso mundo del dinero y la Bolsa"


El rey Nikita

Es de todos conocido que la especulación produce beneficios incluso durante las guerras y a costa de ellas. Pero ¡quién podría pensar que una guerra fuese consecuencia de una especulación financiera?

En el año 1912 tuvo lugar en los Balcanes la siguiente historia. Allí existía un mosaico de nacionalidades, reinos y religiones, y todos tenían que coexistir. En aquella ocasión había cuatro Estados que decidieron aliarse contra su enemigo común: Turquía. Un acuerdo militar reunió a los reinos cristianos de Grecia, Serbia, Montenegro y Bulgaria contra el Imperio Otomano. La primavera de 1912 olía a pólvora. Montenegro, un pequeño reino a orillas del Adriático, estaba regido por un soberano para quien especular era cuestión de vida o muerte. Las cajas de su Estado estaban siempre vacías. Nos referimos al Rey Nikita.

Para conseguir dinero con destino a sus gastos particulares, recurrió a un método que quizá no pueda calificarse de elegante, pero sin duda sí merece el calificativo de genial. En las transferencias de dinero por vía postal entre Estados, existe lo que se llama el post-clearing. Los envíos internacionales se pagan y, transcurrido un año, se establecen las liquidaciones globales entre Estados. El rey Nikita enviaba a varios hombres de paja situados en todo el mundo giros postales desde Montenegro. La oficina de correos correspondiente pagaba la suma en el extranjero y la cargaba a la cuenta de Montenegro. Los hombres de paja del rey Nikita cobraban. Cuando las cuentas llegaban a Cetiña, por aquel entonces capital del reino montenegrino, el rey encargaba a su ministro de Comunicaciones que declarara la imposibilidad de hacer frente a los pagos, y pedía una moratoria. El truco le dio buen resultado, y hasta el severo emperador Francisco José tuvo que mostrase tolerante y anuló las deudas de su colega en dificultades al Correo Imperial y Real, pese a que Montenegro se hallaba bajo el protectorado de los zares.

En mi juventud se contaban docenas de anécdotas sobre el rey Nikita. Una de ellas ocupó mi fantasía infantil de manera especial. Un famoso hombre de negocios norteamericano y multimillonario realizó un viaje por los Balcanes y llegó a Montenegro. Fue invitado a un banquete por el rey Nikita. Tras la comida, el rey y su invitado aparecieron juntos en el balcón de palacio para mostrarse al pueblo. Impresionado por la escena (él, un simple millonario norteamericano, junto a un rey y aclamado por el pueblo), el huésped echó mano al bolsillo y empezó a arrojar monedas de oro a la multitud que llenaba la plaza. Se divirtió con el espectáculo y se volvió hacia el lugar donde había estado el rey, con una sonrisa, esperando ser correspondido. Se volvió a ambos lados, pero el rey había desparecido del balcón. Al cabo de un rato pudo descubrirlo entre la multitud tratando de recoger las monedas arrojadas por su invitado. Se non ´`e vero è ben trovato. Al menos la anédota refleja el ambiente de aquellos tiempos.

Para sus grandes gastos, el rey recurría a otro truco. Jugaba a la Bolsa. Ofrecía consignas y confidencias secretas a sus banqueros, los hermanos Reitzes, de Viena, y O.A. Rosenberg, de París y Londres (yo los conocí personalmente cuando trabajaba de aprendiz de Bolsa en los años treinta, pues ambos eran clientes nuestros), para aprovecharse con ellos en las Bolsas de todo el mundo.

Una mañana del mes de septiembre de 1912 llegó a la sede de la Banca Reitzes, en Viena, un enviado del rey Nikita, su propio hijo, el príncipe Danilo. (El prototipo del protagonista de la opera vienesa La viuda alegra, de Franz Lehar.) Les llevaba una urgente noticia. La misma mañana, esvió a otro mensajero con idéntica noticia albanquero O.A. Rosenberg, de París.

Venda todo y al precio que sea, escribía el rey. La guerra contra Turquía es inmediata.

Los Rosenberg vendieron en todas partes por cuenta del rey, por su propia cuenta y también por cuenta de algunos amigos de confianza. Vendieron, incluso con pérdidas, en las Bolsas de Viena, Frankfurt, París y Londres, todos los valores de la deuda serbia, turca búlgara y otras, una gran cantidad de efectos, en suma. También ambos banqueros especularon a la baja con los créditos rusos, con los cuales se realizaba un activo negocio entre París y San Petersburgo. Y lo hicieron en gran medida.

Al principio los acontecimientos parecieron confirmar las informaciones facilitadas por el rey Nikita. Turquía concentró sus tropas en la frontera y los cuatro aliados balcánicos respondieron, el 1º de octubre, con la movilización general. La Bolsa reaccionó fuertemente y se produjo la baja.

Pero casi en seguida se firmó la alianza francorrusa. Ambas partes se comprometían a evitar todos los riesgos que pudieran conducir a una conflagración en los Balcanes. La situación aún no estaba madura para el ajuste de cuentas que habría de producirse en 1914. El zar Nicolás y el presidente de la República francesa, Poincaré, pusieron su veto a cualquier modificación fronteriza en los Balcanes, y también a un eventual ataque contra Turquía “el enfermo del Bósforo”. El presidente Poincaré garantizó personalmente las reformas políticas en Macedonia. Se creyó que el fantasma de la guerra se alejaba definitivamente. Y la Bolsa reaccionó con un alza escandalosa.

Los banqueros del rey Nikita se sintieron incómodos en su pellejo. ¿Era posible que su regio cliente los hubiera engañado?

Realmente, la intervención del presidente Poincaré había devuelto el mercado bursátil a su nivel normal, y los especuladores a la baja sufrieron grandes pérdidas. En las oficinas de Rosenberg y Reitzes se recibieron sendos telegramas con el siguiente texto: “No se preocupen stop continúen vendido stop Nikita.” Y los banqueros así lo hicieron. Vendieron en toda regla, pese a que no podían ocultar su inquietud aun con las seguridades dadas por el rey de que la guerra de los Balcanes acabaría por estallar.

El 18 de octubre de 1912, los montenegrinos hicieron sus primeros disparos de cañón contra Escútari, una pequeña ciudad turca junto al lago del mismo hombre, un lugar muy pintoresco próximo al Adriático. Montenegro había hecho caso omiso de las categóricas decisiones y compromisos de las grandes potencias y le declaró la guerra a Turquía. Los compromisos de alianza entraron en vigor, y Serbia, Grecia y Bulgaria se vieron obligadas a intervenir en las hostilidades. Todos los valores bursátiles de estos Estados se desmoronaron: la deuda rusa, turca, serbia y búlgara se hundieron. Nikita, rosengerg, Reitzes y sus socios se embolsaron enormes ganancias.

Cabe formular la siguiente pregunta: ¡podría haberse evitado la guerra de los Balcanes si Nikita de Montenegro no hubiera incendiado el polvorín para asegurarse sus ganancias en la Bolsa? La historia conserva algunos enigmas. Y ése no se ha desvelado en los siguientes setenta y tantos años, aunque las sospechas fueron de boca en boca.

En mi familia se hablaba con especial frecuencia del asunto. Repetidas veces oí decir a mi madre:

¡Si la guerra de los Balcanes hubiera empezado unas semanas antes, tío Oscar y su hijo serían hoy día multimillonarios, con millones de los de antes de la guerra!

Y eso a pesar de que siempre se contaron entre los parientes pobres. En aquellos días, mi tío era un especulador internacional que jugaba en todas las Bolsas. Había jugado a la baja en espera de que estallara la guerra en los Balcanes y con gran estilo. En aquellas semanas fatales en que todo parecía indicar que la guerra se había evitado, y las cotizaciones empezaron a subir rápidamente, tuvo que cumplir sus compromisos a la baja y se arruinó por completo.

El resultado siempre es el mismo: un especulador que no puede aguantar sólo comprende que tuvo razón y que debió resistir más, cuando ya es demasiado tarde. 2 X 2 = 5 – 1.

SUSSSANA

Anónimo dijo...

Hola Sussana, soy el mismo autor del blog: ¡Qué suerte que tengas ese libro y que me hayas insertado un fragmento del interesante capítulo. Pero sé que además el libro contaba otras cosas de más. Piensa que ahora tengo 46 años, y cuando leí el libro (que fue una sola vez y de pasada, tenía tan sólo 15 años). No es de extrañar que muy poca cosa retuvo mi memoria.Me pregunto: ¿aprendiste tú algo de ese libro?. De todos modos, te estoy muy agradecido por tu comentario. Recibe un afectuoso saludo.