
También hablábamos de que es prácticamente imposible hacer un curso de unas 400 horas yendo lejos a unas aulas supuestamente formativas, cuando al terminar el duro trabajo estás cansado, aparte de que tienes que atender responsabilidades familiares, y no es lo mismo que alguien con 25 años de duro trabajo a sus espaldas y con experiencia tenga la misma preparación en el oficio que otro que haya pasado simplemente por un simple curso de 400 horas, que a causa de esto oficialmente le otorgará determinados derechos, pero que esto no es una garantía de que a la hora de ejecutar una obra o hacer un tajo, sea de verdad un profesional competente. Como cada nueva exigencia que impone la administración, es otra claro caso de recorte de las libertades de los ciudadanos, que ya venimos padeciendo, curiosamente desde los inicios mismos de la democracia, en la que parecía que íbamos a tener más libertades, pero que al final ha sido exponencialmente al revés: cada vez se es menos libre en todos los aspectos. Aquello de que “con Franco vivíamos mejor”, en muchos sentidos, hoy día puede decirse que tiene gran parte de verdad, especialmente en lo que se refiere al tema laboral.

Cuando los socialistas llegaron al poder, en 1982, hubo un vicepresidente llamado Alfonso Guerra que dijo que iban a dejar una España, “que no la reconocería, ni la madre que la parió”. En términos económicos y comparativos, era mejor la España de Franco, que la actual, puesto que, aunque aquello era una dictadura, si no te metías en nada relacionado con la política, se podía trabajar con plena libertad, sin apenas trabas y obligaciones administrativas, de tal modo que el obrero más bajo, con trabajo prosperaba, con capacidad incluso de construirse su propia casa. Se ha criticado mucho en un sentido negativo la figura del dictador Francisco Franco, y yo, por supuesto no soy partidario de ninguna dictadura, aunque a veces puede ser mejor para un país una buena dictadura que una mala democracia. Lo cierto es que en los últimos años de la época franquista, un trabajador podía pagarse un piso entre 5 y 10 años, comía relativamente bien y aún conseguía ahorrar algo; hoy día un trabajador soportando una hipoteca de 40 años ni está seguro de si llegará a pagarla completamente, muchas veces tiene que privarse de comer decentemente, y ni hablemos de ahorrar, porque ni para eso puede. Antes, con muy poco dinero podías adquirir mucho; hoy día las cosas se han puesto de tal manera, que con muchísimo dinero, es muy poco lo que puede adquirirse de lo muy cara y difícil que se ha puesto la vida en comparación a unos 30 años atrás. A pesar de los impresionantes avances tegnologicos, hoy por hoy son tales las exigencias administrativas y los impuestos, que en la España de 2009 sólo prosperan los mafiosos, y los demás tratan de ir tirando como pueden para sobrevivir. Eso me hace pensar que en la construcción de la Vila Olímpica de Banyoles de 1992, una de las empresas constructoras participes, que eran de afuera de nuestro pueblo, ganó no sé qué prestigioso premio, pero que al año siguiente se fue al garete, mientras que aquí en nuestro pueblo se han mantenido empresas que llevan décadas de existencia, naciendo muchísimas otras con autónomos, pero que con el varapalo de la crisis actual van camino a desaparecer, sobretodo tanto por las exigencias de la administración, como porque el mercado ha puesto el nivel de facturación a un precio tan bajo, que dada la dureza del trabajo, actualmente no vale la pena de ejercer. Las condiciones se han puesto tan asfixiantes, tan alto ha llegado el nivel de exigencia de las administraciones con normativas e impuestos, que bien puede decirse que la albañilería es el último de los oficios: casi imposible de ejercer en España a medio y largo plazo, del modo que en el futuro prácticamente desaparecerán los buenos profesionales de la vieja guardia, y probablemente serán sustituidos por inmigrantes mal preparados, que exigirán los métodos de su país, complicando aún más las cosas, desde los parámetros actuales.
Un curso de 400 horas, no está al alcance de cualquiera que se dedique a la construcción para obtener un simple carnet professional, que para nada avala la profesionalidad y el dominio del oficio, porque los oficios son artes, no carreras universitarias con toda esa masa teórica que apenas sirve en la práctica. Además el sector está compuesto por gentes no aptas para los estudios, sin capacidades intelectuales para seguir un plan de estudios, en una gran mayoría procedentes del fracaso escolar, que para eso eligieron ese duro trabajo como medio de subsistencia. El oficio solo se aprende a base de largos y duros trabajos, perfeccionándolo, a base de mucha improvisación porque en la construcción cada dia es un reto nuevo, y a base de muchísima experiencia que nunca se acaba ya que este es un oficio en el que siempre y constantemente se está aprendiendo algo nuevo,...y por supuesto todo esto es un algo no se aprende ni se adquiere en un cursillo altamente teórico en la silla de una aula frente a una pizarra, o colocando unos cuantos ladrillos como demostración. Yo mismo sin carrera universitaria, y sin dichosos cursos, le he tenido que resolverle a más de un arquitecto un determinado problema de cálculo en una obra, que él se veía incapaz de dar la respuesta adecuada, si previamente no lo consultaba con el ordenador de su despacho, siendo mis conocimientos matemáticos limitados tan sólo a las cuatro reglas de aritmética y la regla de tres, y aún eso con calculadora en la mano. También yo mismo en más de una ocasión he tenido que resolver el complicado modo de montar una bastida, cuando un aparejador con todos sus saberes de “seguridad e higiene”, no sabía cómo montar en un rincón de formas complicadas. Y eso es algo que a mí me jode: haber tenido que resolverles los problemas a técnicos cosas que les compete a ellos, ya que para algo tienen sus carreras universitarias y sus títulos que le facultan esos derechos que a mí se me niegan, aparte del escandaloso sueldo que cobran poniendo tan poco esfuerzo. Esa es la pura realidad; los que trabajamos de verdad somos los que de verdad cargamos con el peso de las exigencias, de las responsabilidades, del recorte de las libertades, y encima somos los peor pagados, y los más explotados, incluso pagándolo con la salud, con la espalda rota y con evidente deterioro físico conforme va pasando la edad. ¿Quién será el loco que bajo esas condiciones actuales, diga que quiere dedicarse a la albañilería?. Bien puede decirse que es el último de los oficios, y la culpa de ello está en toda esa montaña de agobiantes e interminables exigencias administrativas que nos han impuesto los políticos desde que empezó la democracia en nuestro país.

Concluyo que al final solo cabe la posibilidad de una salida para quien quiera continuar en ese duro, ingrato y muy poco comprendido oficio de albañil: los autónomos darse de baja y trabajar en negro, porque si lo haces legalmente, te expones a que todos te exploten y te carguen con las responsabilidades. Pactar siempre las condiciones con el cliente, y trabajar en negro de modo escondido todo lo que se pueda, o apenas no habrá ganancia en tan duro oficio en el cual al final te dejas la salud por el camino, y sí mucha explotación y riesgo de muchos líos legales, con lo del carnet o los inspectores que disfrutan repartiendo sanciones a diestro y siniestro, tanto de trabajo, como de “seguridad”, aparte de que los impuestos se comerán buena parte de las ganancias. Repito, la salida es trabajar en negro, que en el fondo tanto beneficia al cliente como al ex-autónomo, para poder subsistir y ganarse esas cuatro perras necesarias en la vida al tiempo de que el cliente puede ahorrarse gastos innecesarios que exige la administración, .....o volver al sistema libre de la época de Franco, en la que el Estado apenas se metía con nadie, no existían esas normas que han terminado siendo un estorbo para todos, y en la que se podía trabajar sin trabas. Con Franco cualquier chapucero se metía a manitas, y si tenía una parcela,, se hacia él mismo la casa, sin normas, ni inspecciones,….y se salía, terminado por ser el orgulloso propietario de una vivienda hecha por él mismo. Hoy día, nuestros hijos tendrán que quedarse a vivir con nosotros, o espabilarse muy fuerte, acompañados de un golpe de suerte. La construcción en las condiciones actuales, no tiene futuro, a menos que volvamos al mismo sistema libre de la época de Franco. En un oficio tan duro, nadie se meterá a menos que se supriman todas las trabas legales que encarecen y dificultan todo. Ya lo dice un viejo adagio francés: “Quan le batiment va, tout va” , que traducido a nuestro idioma viene a decir: “cuando la construcción va, todo va”, por todo lo positivo que supone de movilización de la actividad económica de un país. Si seguimos dando ese trato de maltrato al sector de la construcción, y a los buenos, duros, espabilados, valientes y honrados albañiles en particular, estamos eliminando la principal fuente de prosperidad económica con la que de momento todavía disponemos en nuestro país. Cuando se extinga el último de los oficios, lamentablemente nuestro país irá camino de estar entre los más retrasados del mundo, y de eso tienen culpa los políticos que nos han llevado a la actual situación de degradación, irresponsabilidad, impotencia, y de falta se sentido común. Si no se protege la libertad de trabajo, no se facilita el progreso del país.
Teníamos que despedirnos, y la conversación no daba para más, pero añadiré: la primera vez en la que hablábamos del tema, fue en la crisis de principios de los años 80, en la que por entonces recuerdo que le dije sobre la necesidad de que la gente invirtiera en obras para relanzar la economía y dar trabajo a los paletas. Hoy día hemos hablado de lo mal y a por peor que hemos llegado en el sector. Cuando lleguemos a la edad en que ya nos haya tocado jubilarnos, no sé de qué vamos a hablar ni cómo estará la cosa. Pero de momento hasta aquí hemos llegado. El tiempo dirá si el nuestro acabó siendo el último de los oficios. Eso me hace recordar que cuando yo tenía 20 años, un viejo contratista de obras jubilado muy famoso en toda Banyoles me manifestó ser el “padre” de 16 constructores, ya que todos estos, antes de ir por cuenta propia, habían trabajado y aprendido en su empresa, me dijo lo siguiente que siempre he recordado: “solo hay dos San Antonio: el de los burros y el de los sabios; el de los burros es el nuestro, los que nos matamos a trabajar haga calor, frío, llueva o sople el viento; y el de los sabios, es el de esta gente que nunca se mancha ni ensucia, y que viven del cuento a costa nuestra”. Para aclarados, finalmente os diré que San Antonio, es el santo patrón de los albañiles. Tal como están las cosas, que por lo menos Dios nos ayude y nos acoja confesados.

1 comentario:
Un trabajador de la construcción que escribe en línea y sin faltas de ortografía es notable desde méxico, el mío http://jdjdt.blogspot.com que no habla de la clase obrera.
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