sábado, 3 de enero de 2009

SON TUS PERFUMENES, MUJER

Los pocos momentos que puedo sentarme delante de un televisor, son los de la cena, en los que habitualmente ponen un telediario, y en esos días de pascuas navideñas, lo que apenas sin interrupción suelen poner son anuncios de perfumenes de todas y variadas marcas. Lo que nos lleva al asunto de oler bien. Tal mal olemos las personas que tenemos que echar mano de los perfumenes.
Podemos oler a suciedad, a mugre, a enfermedad,…incluso a muerte, porque hasta los moribundos tienen un olor característico. La estructura humana está compuesta de un olor muy repelente, que se supone que la naturaleza la puso como mecanismo de autodefensa, que repeliera a los depredadores, aunque las hienas pueden encontrar agradable ese olor. Todo cuando es interior del cuerpo humano, huele terriblemente mal: para empezar, el de todos conocido olor de la mierda, los olores de los gases que se expelen (los pedos), el olor de la comida vomitada, el aliento de una boca mal cuidada, el olor de las heridas, el olor de un cuerpo abierto en una operación o en una autopsia,…..¡es que el cuerpo humano huele terriblemente mal!, tan mal, que evidentemente repele, y el ser humano tuvo que poner empeño en buscar la manera de oler bien, y de aquí a la invención de los perfumenes, hasta los desodorantes de la época actual. Hay quienes no aguantan ni el olor del sudor de unas axilas, aunque cuando se trata de una mujer muy atractiva, el olor de los genitales, más bien puede parecer excitable, y de ahí esa manía que tenemos los hombres de olerle las bragas a esa mujer deseable, preludio de un posible manjar posterior en esa parte femenina: en ese aspecto, cabe reconocer que somos unos “guarrillos”. Dicen que cuando Napoleón Bonaparte venía de alguna de sus campañas, antes le enviaba un emisario a su amante Josefina, con un mensaje que venía a decirle más o menos: “no te laves, pronto regreso, y quiero oler tu coño”. Incluso la piel tiene su olor característico, sobretodo en las partes más sudorosas: las axilas, los genitales, tienen un olor bastante parecidos entre las distintas personas, llevándose la peor palma los pies, ese horrible olor de pies sin lavar o de calcetines usados varios días. Hasta incluso las razas humanas llegan a tener olores que los distinguen: por lo general, los individuos de raza negra tienen un olor corporal muchísimo más fuerte. De ahí la necesidad de los perfumenes y de los desodorantes, tan de moda en la actualidad, en la que el ser humano trata de intentar oler bien.
Ahora bien, yo encuentro bueno y natural el olor a persona limpia, pero con su olor propio, natural. Los perfumenes pueden quedar bien, pero no dejan de desnaturalizar el olor natural de cada uno. Aunque debo de reconocer que prefiero más el olor natural de una mujer limpia, que la que está permanentemente perfumada. Recién salida del baño o de la ducha, me gusta acariciar a una mujer, abrazarla, besarla, olerla,…todo natural tal como es y como huele, que además lo encuentro excitante. Aunque no ocultaré, también, que encuentro excitante abrazar y oler a una mujer que se ha puesto un buen perfume: es más, cuando me gusta una mujer, ciertos perfumenes logran encender y deleitar aún más mi estado excitable. Y quizás en eso se centraba el tema de la novela de Patrick Suckid, “El Perfume”, en la que un hombre, de poderosa percepción nasal, trata de descubrir e ir en pos del olor ideal, del mejor olor: el de una atractiva mujer: para ello no dudará en asesinar mujeres atractivas, con el objeto de obtener de ellas la esencia del mejor olor untando grasa en la piel de las víctimas, para después destilarlas y obtener el preciado olor. Yo, desde luego, no me parezco en nada al personaje de la novela, pero sí tengo un sentido del olfato bastante más desarrollado que la media: nada más que el olor, ya me avisa de quien está a varios metros de cerca. Antaño, cuando estaba en las obras haciendo un tajo, simplemente por una simple pasada, con el olor ya percibía quién era el persona que había allí de cerca, puesto que tenia un jefe con la manía de ponerse un perfume, y con ese simple olor, desde bastante distancia ya percibía que estaba por ahí: es más, os diré una cosa, uno de mis antiguos jefes era fumador muy aficionado a los puros habanos, y en una obra, desde un cuarto piso, y estando él en la parte de abajo, yo desde arriba el 4 piso, ya me llegaba el olor aromático del puro. Suelo tener un olfato bastante sabueso: en una cocina, si una carne está mala, ya suelo detectarla a bastante distancia, y una comida, aún sin probarla, simplemente por el olor la rechazo aunque no se me dan demasiado esas cosas. En cuanto a una persona que lleva tiempo sin lavarse, lo detecto muy fácilmente desde varios metros.
Por otra parte, tampoco soy maniático de los perfumes, aunque si lo soy bastante de la limpieza: no hay día por el que como mínimo no pase por una ducha, y en verano, algunos días hasta dos o tres veces. Y no sólo porque es algo que me relaja antes de irme a la cama, sino porque hasta ahora ejercía un trabajo bastante sucio: en de trabajador de la construcción, un oficio que cada día te ensucias tocando toda clase de materiales y objetos, y sudas bastante, aparte que te impregnas muy a menudo de abundante polvo. Pero lo de ponerme perfumenes, no soy bastante aficionado, aparte de que tengo, también, la manía de ir y de oler natural. Aparentemente nunca me he comprado un perfume para mi en mi vida: siempre los he recibido de regalo, y algunas veces me los pongo cuando salgo algún fin de semana, con el pensamiento de que a ver si la chica me encuentra más agradable con el olor. Me han regalado de varias marcas: varón-dandy, Jacks, Brummel, Paco Rabanne, Diávolo (de Antonio Banderas), Calvin Klein, y demás marcas que ya no me acuerdo. Creo que la que me sentaba mejor era Calvin Klein, regalo de mi hermana, aunque para este año ha vuelto a repetir Brummel, la que lleva el nombre de Lord Brummel, el aristócrata inglés que creó el traje de etiqueta, digo el smoking. Tal regalo de navidades, suele durarme prácticamente para todo el año, pues sólo me lo suelo poner los fines de semana que se supone que tendré algún encuentro con alguna mujer, por si acaso, pues nunca se sabe. Pero de no ser por esa razón última, creo que tampoco tendría demasiada manía con los perfumenes.
De todos modos reconozco que yo sí he sido de esos de regalar perfumenes a las mujeres, así como detectar sus olores. Recuerdo que una vez le regalé Chanel-5, uno de los más caros y que es el que anuncia la actriz Nicole Kidman, a una mujer de la que estuve enamorado pero que no me correspondió. Aunque mi perfume favorito era Marousia “la mujer que llevas dentro”, un perfume ruso que empezó a comercializarse en España a principios de los años 90, por eso algunas mujeres (todas ellas muy atractivas) alguna vez han recibido ese regalo por mi parte, de lo que yo pensé que cada vez que se pusieran ese perfume, se acordarían de mí. Aunque Marousia es mi perfume preferido, y no es muy caro que digamos, si lo comparamos con muchas otras marcas, tampoco desdeño ciertos olores de otros perfumenes, entre ellos el de Christian Dior , J’adore, del cual hemos visto anunciar a Charlize Theron (una de mis actrices favoritas): el olor es bastante agradable y excitable, y cuando se lo pone una mujer que te gusta, y la puedes abrazar, besar y oler,…sin duda la cosa es para que te ponga loco de placer. Tampoco desdeño el buen olor que se poner una mujer atractiva: ello produce una agradable sensación placentera, nada más olerla. Sobretodo Marousia y J’adore, son los olores que más me gustan, también he tenido ocasión de oler varias marcas en los frascos de muestras, pero el que no encuentro en esos contornos es uno que me gustaría conocer y saber a qué huele: el perfume Montana, que es el preferido de una de mis amigas que tengo en Argentina: sólo porque a ella le gusta, ha despertado mi curiosidad por saber a qué puede oler, ¿cómo puede ser de agradable ese olor?.
Igual que en la película “El Perfume”, en el sur de Francia, creo que en zona de La Provenza, tenemos Grasse, ese pueblo donde se supone que es la capital mundial de la fabricación de perfumes: ya podéis imaginar: los pétalos de muchas flores machacadas para obtener ese jugo que ha de destilarse y obtener la esencia del olor mezclado con un componente químico de algún derivado del alcohol (por eso los perfumenes pueden ser inflamables). Quizás algún día, cuando me jubile y tenga tiempo, pueda visitar en la primavera, en la estación de los olores, ese pueblo francés; Grasse, y sentir más de cerca los olores, lo que se supone, los mejores olores del mundo, en ese mundo tan pestilente, sucio y apestoso, en el que nos movemos. Creo que mi potente nariz me lo reclama.
Bueno, pues que sigan anunciando por la televisión a ver qué perfume anunciado compras para regalar a tu amante, que aún nos quedan los Reyes Magos.
UN CONSEJO.- Comprar los perfumenes en Andorra: hay numerosas tiendas con numeroso surtido, y los precios son más baratos.