lunes, 21 de diciembre de 2009

INDEPENDENCIA Y LOTERIA NACIONAL



Aunque parezca extraño, nunca juego a la lotería, ni a ningún otro juego de apuestas, sean quiniela, primitiva, bonoloto, cupón de la ONCE, o cualquiera de sus numerosas variedades. En mis años mozos, cuando empecé a trabajar y por consiguiente, hacer que cada semana el dinero entrara por mi bolsillo, hubo un tiempo que apostaba en el juego, pero siempre perdía, de modo que dejé de malgastar dinero en eso. Por otra parte siempre había considerado que ya tenía suficiente lotería teniendo trabajo propio, considerando que el trabajo fuera del tiempo normal (trabajar en sábado, algunos domingos, o largísimas –pero agotadoras- jornadas en verano), eso era como mi pequeña lotería que siempre acertaba, y de ahí salían los gastos de esos caros y despilfarrantes caprichos de los que tampoco que querido privarme a lo largo de toda una vida. Toda una vida trabajando, y sin embargo, sigo siendo “pobre”.

No obstante, nunca me falta algún número de lotería por Navidad, que normalmente suelen regalarme personas muy afines. Mis padres, cada año me compran y me regalan un número de lotería, aparte de que para ese año un buen amigo mío también me ha regalado otro número. Los décimos son de 20 euros, y ello significa que si me toca el gordo, me caen 300.000 euros, o sea que para esas navidades seria millonario de 50 millones de las antiguas pesetas. Se me da la casualidad de que siempre existe alguien ajeno a mi familia que cada año me regala un número, y eso es una manifestación de que tengo una pequeña suerte invisible que va aparte de cualquier lotería. Son gentes que por lo visto, todavía apuestan por mí, y eso es un bonito detalle que se agradece. Me recuerda a que cuando era niño mi abuela me decía: “si me toca la lotería, te pago una carrera”, y eso de que nunca pude llegar a hacer carrera universitaria alguna (aunque tampoco me hubiera valido, ya que no sirvo para estudiar). Por otra parte, pienso que la verdadera carrera en la vida es tener el suficiente dinero que distingue entre ser un don nadie y un señor alguien. Con la lotería cada año, el sueño de ser millonario se repite,....y se desvanece, como siempre, claro.

Ahora bien, por esos presentes días en mi país el parlamento autonómico catalán ha estado debatiendo sobre toros sí o toros no, al tiempo que se está toreando la independencia de Cataluña, con ese peligro de desmembración en la que incluso el Tribunal Constitucional ha de pronunciar un fallo sobre si es correcto el término “nación” en el actual y vigente estatuto catalán. Entre que quieren quitar la fiesta nacional, provocar independencias de distintos territorios de de toda esa variedad de regiones que llamamos España, lo que realmente se está toreando es la esencia y la idea misma de España. Y si España desaparece como país en esa corrida de provocaciones independentistas con referendumes, presiones al constitucional, y todo,... esa faena final de cuando se termine clavando la espada al toro hispano, no se va a salir precisamente por una puerta grande. Algo feo veo en todo eso, pero no es precisamente el tema de mi publicación de hoy, aparte de que seria muy largo y extenso hablar claramente sobre ello. La desmembración, desvertebración y desaparición de esto que todavía llamamos España, quizás sea tema que aborde otro día. ¿Y qué tiene que ver una posible independencia catalana, con la lotería?. Pues que esto me recuerda que precisamente la lotería de Navidad se creó para sufragar los gastos de la Guerra de la Independencia. Pues sí, precisamente en 1812, cuando los representantes de todos los rincones de España se reunieron en las Cortes de Cádiz, no fue solamente para discutir sobre cómo hacerle la guerra al invasor francés, y aprobar una nueva Constitución de corte más liberal, sino también para aprobar ese Sorteo Extraordinario con el fín de recaudar fondos para luchar contra los gabachos. En aquella primera lotería Nacional, el décimo costaba 4 reales, y el primer premio gordo de entonces ascendía a 40.000 pesetas, toda una inmensa fortuna, con los reales y pesetas de entonces que eran de gran valor, toda una contradicción con los devaluados euros de hoy en día, que con muchísimos, poco puedes comprar, pues si se volviera a intercambiar los euros por las pesetas de hace ya unos 10 años, terminaríamos por descubrir que con las pesetas de entonces que se podían comprar muchas cosas, que hoy en día no es posible comprar las mismas cosas si no es pagando el doble, el triple, o hasta mucho más.

Y hablando de Independencia, no voy a hablar sobre esa que reivindican algunos catalanes, sino sobre esa lotería que se creó en base a esa Guerra de la Independencia que nos tuvo unidos a todos los españoles frente al invasor napoleónico. Curiosamente cuando nos sentimos agraviados, provocados, o invadidos por una potencia extranjera, sean los romanos, los árabes, los franceses, o los hitlerianos,.... es espontáneamente cuando más unidos reaccionamos y estamos con esa idea común de España. Pues la lotería Nacional, consecuencia de esa guerra llamada de la Independencia, es la única esperanza de verdadera independencia que tiene cada español. Y no me refiero a esa independencia de los franceses, o a esa que ahora reivindican algunos activistas catalanes, sino a independencia de la obra, de la fábrica, de la oficina, del taller, del campo,...en definitiva de la independencia del trabajo, ...del jefe,...y hasta del paro. Independencia de la hipoteca, de las facturas por pagar, etc.... Independencia de ese vecino que siempre deja la radio demasiado alta, de ese aparcamiento que nunca encuentras cuando vas al curro o a llevar el niño al cole, de esperar el autobús poniéndote en una cola y luego adentro soportar los pedos ajenos. Pero bueno, en los días previos al sorteo, nos están permitidos todos esos sueños de independencia, la única que interesa de verdad, y no la de esos políticos desmembra patrias. Y por supuesto, que cuando llega ese día, y vemos por la televisión ese descorchado de champán y esas inmensas alegrías de los afortunados, para casi todo el resto ya se nos desvanecen esos sueños de los días anteriores cuando comprábamos ese número con el que depositábamos todas nuestras esperanzas. Por lo menos nos queda la oportunidad del sorteo del Niño. Lo malo es que incluso para la única esperanza de independencia personal que tenemos los españoles, nos la arrañan la codiciosa rapiña de los políticos, sean de derechas o de izquierdas, gravándolas con impuestos una buena parte de lo que se juega y de lo que toca. Gravar con impuestos a la suerte es una cosa muy fea, y la idea de que una buena parte de nuestra apuesta se la quedará el gobierno, causa una sensación molesta. Al fín y al cabo es la única esperanza que todos los españoles tenemos para poder decirle al jefe lo que de verdad pensamos de él, de librarnos de la suegra, de tener una casa más bonita y mejor, de cambiar a por un cochazo más decente, de comprar una plaza de parking en el dichoso centro, de pasar unos días en una cálida playa rodeado de bellísimas mujeres, de pagarle la carrera al hijo, de mandar al carajo el trabajo y vivir tranquilamente de renta,.....de hacer o tener aquello que muchas veces hemos soñado y deseado. En fin, la esperanza de un sueño, que hicieron posible de crear los padres de la patria que se reunieron en Cádiz, creando esa lotería Nacional, que forma parte de la historia misma de España, que nos han copiado tantos países, y que muchos otros países no tienen ni nada parecido.

Los niños de San Isidoro están listos; y solo me queda decir, si tienes número de lotería, es mi deseo de que la suerte te acompañe, compañero.