viernes, 25 de diciembre de 2009

NAVIDAD 2009 EN LA MEMORIA DE ÁFRICA

Hoy es el día de Navidad del año 2009, y estoy solo en casa (por lo menos lo estaré hasta el mediodía, que voy a la comida familiar anual de Navidad). Ayer miré por la televisión el mensaje del Rey, creyendo que por la crisis económica, así como por las provocaciones secesionistas en el país, iba a decir algo destacable; pero nada: el mediocre mensaje habitual de cada año, una repetición cambiada de lo mismo que viene diciendo cada año sobre lo que tenemos que ser y hacer, añadido de las consabidas felicitaciones por parte de él y su familia. Voy a escribir algo que merezca lo de ser un mensaje navideño, aunque no sea Rey de España: cuando llegan las Navidades, y en recuerdo del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, con frecuencia son fechas para recordar a nuestros familiares más queridos, apartar un poco nuestro natural egoísmo, y pensar un poco en tener buena voluntad para solidarizarse y tener un recuerdo, también, para con los más necesitados, con aquellos que no van a poder tener una Navidad que celebrar. Mientras algunos van a atiborrarse de turrones, comer buenas mariscadas, y beber los tradicionales cavas, ... por una razón u otra, por una circunstancia u otra, otros seguirán en este estado desgraciado como siempre sin que les alcance las alegrías de una buena celebración. Es Navidad, y en ellos quiero invitar a que tengamos unos momentos de recuerdo, con mi expreso deseo de que llegue el día en el que las cosas se les pongan a por mejor, aunque la experiencia demuestra que es difícil. El ser humano que es capaz de las mayores ruindades (la inmensa mayoría), es también capaz de las mayores grandezas (tan sólo unos pocos).

Ciertamente aquí tenemos nuestros propios problemas, y el principal de hoy en día es la falta de trabajo, el paro, la angustia de perder el empleo, la incertidumbre de quedarse sin empleo y con ello sin dinero para sobrevivir. Otros quedan más tranquilos y distanciados de la crudeza de ese problema, puesto que quedan dentro del amparo de aquello que el profesor Enrique Fuentes Quintana (que había sido ministro de Adolfo Suárez) llamaba “La ciudadela del empleo”. Lo trágico y dramático, es que quienes tienen el poder y la capacidad de hacer algo para resolver esa fea lacra social, no son del todo conscientes, y por ende no se aplican en el empeño de intentar resolver el problema. Me recuerda a un obispo de Granada, de cuyo nombre no me acuerdo, que por allá en los años 50 les decía a los políticos: “resuelvan ustedes primero el problema del hambre, y lo demás ya se solucionará por si solo”, es decir, procurar que todo el mundo tenga un empleo con el que ganarse dignamente la vida. En economía, un país donde tienes un empleo y si no te gusta el ambiente de trabajo, y al día siguiente ya trabajas en otro sitio, es un país donde las cosas van bien. En un país donde tienes la suerte de tener un empleo, pero si no te gusta el ambiente de trabajo teniendo que aguantar a unos cabrones, es un país donde las cosas están mal; y peor si estás en el paro, y buscas trabajo en centenares de lugares, donde en ninguna parte te admiten. Este ejemplo del paro, y el hecho de que muchísima gente esté endeudada de por vida por una hipoteca, que de cada cuatro parejas que se casan, tres terminan en divorcio, los abusivos impuestos, etc...., evidencian lo enferma que está la sociedad en la que estamos viviendo, y de lo impotentes que se encuentran algunos de salir al paso. Pero en mi publicación de hoy, adónde quiero irme es hacia donde intentan sobrevivir otras gentes que viven problemas peores que los nuestros: a África, el continente negro. La África de las guerras étnicas, tribales y religiosas, de las enfermedades como el SIDA, del hambre, etc....Aquella África que exige que aquellos países más afortunados y poderosos les eche una mano para salir de su propio infierno, porque puestos a comparar los numerosos problemas que tenemos aquí mismo con los de allí, bien podría decirse que lo nuestro es como un paraíso, y lo de ellos un verdadero infierno olvidado de la mano de Dios. En navidades es importante que tampoco olvidemos esto.

La primera idea que tenía sobre África procedía de la lectura de cuentos del Jabato, en la que se veían las aventuras del héroe ibero por tierras africanas: el Egipto de los faraones, la tupida selva, etc.... Luego recuerdo las películas de Tarzán, junto con Jane, Boy, y la mona Chita, así como películas como Mogambo, Las minas del Rey Salomón, o Las nieves del Kilimanjaro. Películas de las cuales no ofrecían una visión muy realista de lo qué era en verdad África, aunque presentaba a los africanos como seres retrasados, salvajes y subdesarrollados, estando el colonizador blanco por encima de ellos, representado la civilización, yendo a un safari sin faltar los encuentros entre leones o elefantes, y atravesando una selva llena de molestos mosquitos, tropezando de vez en cuando con algunas cataratas tipo lago Victoria. O un ambiente de romanticismo entre una mujer y un hombre que se conocen, en un lugar de la naturaleza virgen, lejos de la civilización, como era la película “Memorias de África”, interpretada por Robert Redford. Recuerdo que cuando cursé el séptimo de EGB me dieron por hacer unos de los trabajos escolares para tratar sobre el continente negro, y como que tenía una enciclopedia en casa, la Salvat Junior, me puse a copiar sobre prácticamente todos los países africanos, con el título de “África misteriosa, y sus países”, el trabajo me llevó unos días de muchísimas horas, tantas que recuerdo que incluso por la noche las copiaba, robándole horas al sueño. Eran unos 50 países, casi las mismas provincias que tenía España. El resultado fue toda una gruesa libreta, que la maestra quedó tan impresionada, que no sólo lo mostró a la clase, sino a todos los demás profesores de la escuela, y me dio la nota de sobresaliente. Y aún con esto, no era realista la visión que tenía de África (y creo que en esos momentos tampoco, puesto que para tener una visión acertada, hay que vivirlo en vivo y en directo, sintiendo el dolor de la África profunda que sufre guerras, hambres, y constantes violaciones de derechos humanos; el olor nauseabundo de la muerte, de la enfermedad, de la guerra, de la miseria, ...). Pero me empeño a contar en mi blog la idea que tengo de ella en esos momentos. La primera África que me viene a la cabeza, es la de los romanos, que la llamaban la provincia de África: prácticamente la zona del Magreb, especialmente la zona de Tunicia, donde había estado desaparecida la antigua enemiga de los romanos : Cartago ( vendida por el romano Escipión Emiliano, apodado “El Africano”), que también era Numidia (de la que recuerdo las revueltas de Yugurta y Boguth contra Roma), y la zona de Cyrenaica (actual Libia, donde recuerdo la larga marcha por el desierto de los diez mil del romano Catón, llamado el utiquense), que era uno de los principales graneros del Imperio romano, que lo abastecía de trigo, aunque más al este estaba el Egipto de los Ptlomeos con nombre propio. Varios siglos más tarde, cuando se descubren las Américas, se hace necesario importar la mano de obra esclava, pues los indios indígenas de aquellas tierras no soportaban las enfermedades que traían consigo los europeos, aparte de que no soportaban trabajar. Los africanos de raza negra soportaban enfermedades y eran más dóciles para el trabajo, lo cual dio lugar a un importante mercado de esclavos con el que abastecer el Nuevo Mundo Americano. Con eso dio lugar también a las primeras misiones, por parte de la Iglesia, para occidentalizar y llevar el evangelio en el continente negro. A finales del siglo XIX, las potencias europeas se repartieron África. Y en el pasado siglo XX, en los años 50 apenas habían 5 países independientes. En los años 60, las metrópolis abandonaron sus antiguas colonias africanas, debido sobretodo a su elevado coste económico de mantener una administración gubernamental, cosa que dio lugar al nacimiento de muchas nuevas naciones africanas, más de 45 países nuevos. Pero ahora la cosa se parece más a películas del tipo “Black Hawk derribado” de Ridley Scott (refleja la situación en Somalia, el cuerno de África); “Diamantes de sangre” con Leonardo di Carpio, que refleja que el comercio de diamantes en Sierra Leona es origen de la financiación de sus guerras civiles; “El señor de la guerra” con Nicolás Cage donde se ve cómo se arman las diversas guerrillas;” Hotel Ruanda” (sobre las luchas entre tutsis y hutus); “El último rey de Escocia”, sobre la figura del dictador ugandés Idi Amin Dada; “La interprete” de Sydney Pollack en la que Nicole Kidmand interpreta a una traductora de la ONU relacionada con África; “Lagrimas del Sol”, en la que Bruce Willis interpreta a un militar que rescata a una médico (Mónica Belluci) y a los refugiados que atiende; o “El jardinero fiel” con Ralph Fiennes y Rachel Weitz, rodada en los barrios bajos de Nairobi, capital de Kenia en un transforndo de fraude farmacéutico, con el denominador común de que todas esas películas ofrecen una visión de una África cruel, desamparada, olvidada de la mano de Dios. Impresiona, por ejemplo, aquella escena que interpreta Nicolás Cage, en el papel del traficante de armas, que el cabecilla guerrillero negro que le compra armas, le ofrece dos bellas prostitutas para pasar una noche de placer; “qué importa que tengamos SIDA, lo importante es follar y gozar del placer, pues igualmente tarde o temprano moriremos” le termina diciendo una de las hermosas prostitutas.

Es de suponer que las metrópolis europeas no deberían de haber abandonado nunca a sus colonias, pues no sólo podía reportarle una fuerte riqueza en recursos naturales, sino también ejercer su función de protectorado con el imperio de la ley y el orden similar al país de origen, que hubiera traído el progreso y la prosperidad en aquellas tierras. Dejar a los propios africanos sus propios asuntos, sólo ha servido para que terminaran en guerras civiles entre los cientos, y hasta quizás miles de etnias y lenguas existentes, que ha traído a una especie de feudalismo y de ley de la selva del más fuerte, en un continente fragmentado en fronteras artificiales de líneas rectas, y formados por nuevos países que fijan sus limitaciones fronterizas internacionales de acuerdo con el reparto que tuvieron de África las antiguas potencias coloniales europeas. Allí quienes tienen el poder son los caciques locales, los jefes de las numerosas y distintas tribus étnicas, siempre en permanente guerra contra sus vecinos, y esos vecinos, con sus otros vecinos, y así sucesivamente. Es el África de los señores de la guerra; ¿y qué es lo que quieren los señores de la guerra?, pues básicamente lo que quieren es poder, afán de dominio en su territorio, y expulsión o eliminación de las otras étnias que hablan distinto lenguaje de aquel territorio que consideran suyo. Aquí se aplica mejor que en ninguna otra parte la profecía de Malthus: hay que eliminar a aquella superpoblación que sobra, y en el caso africano se trata de eliminar a los que pertenecen a tribus distintas, y hablan lenguajes distintos, o profesan credos distintos, aunque sean de la misma raza negra. Mientras aquí se habla de racismo cuando decimos algo peyorativo o discriminatorio entre personajes de raza negra, en realidad en el continente de origen de la raza negra, es donde existe un racismo muchísimo más intenso, y una discriminación de verdad entre las muchísimas etnias allí existentes, y complicado de distinguir entre los que somos de raza blanca. Allí es frecuente la “limpieza étnica”, que es lo mismo que asesinar a todo un pueblo, o deportarlos hacia otro territorio ajeno. Y lo curioso es que las naciones que progresaron algo, fueron donde han gobernado los blancos, aún con gobiernos calificados de racistas, al otorgar derechos de segunda categoría a los originales del país de raza negra: el gobierno de Ian Smith en la desaparecida Rhodesia (hoy dentro de Zimbabwe, bajo control del dictador Robert Mugawe), o el gobierno de Pieter Botha (en Sudáfrica, donde finalmente lo desbancaría Nelson Mandela, en unas elecciones donde por primera vez participaría electorado de raza negra, aboliendo el apartheid). Los lugares donde la raza blanca ha estado en el poder, son los únicos lugares de África donde apenas se ha progresado algo. Son muchísimas las crisis allí desatadas: desde la caída del emperador etiope Ali Selassie, pasando por la férrea dictadura comunista de Mengistú. El terrible hambre de Biafra en los años 70. La larga guerra civil de Sudan, con las consecuencias que todavía vemos en Darfur. La repetida guerra de Eritrea. Conflictos de frontera entre Uganda, Ruanda y Burundi, con hutus y Tsusis. Luchas por el poder en el Congo entre partidarios del legendario Mobutu Sese Seko y los de Kabila. La guerra de Angola, auspiciada por Cuba y por Rusia en los tiempos de la guerra fría. La masiva amputación de manos por votar en la Sierra Leona de Taylor (a casi el 8% de la población le amputaron las manos por el “delito” de votar). Los señores de la guerra de Somalia. Los frecuentes golpes de Estado en Nigeria, Ghana, etc y la vuelta a sus frágiles democracias. Los niños soldados obligados a alistarse a la milicia, y a torturar y violar a las mujeres como práctica guerrera,.... Y la existencia de tristes personajes que se hacen con el poder, a costa de unos regimenes dictatoriales de terror: Idi Amin Dada en Uganda, el emperador Bocassa de CentroAfrica, Macias y ahora Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial, Robert Mugawe de Zimbawe, etc... En realidad, en África, casi ningún país es seguro, y en apenas ninguna parte se respetan los derechos humanos, por mucha misión religiosa, por muchos médicos sin fronteras, por muchas Cruz Roja y demás activistas de la ONU, y por mucha solidaridad tipo Intermón Oxfam que allí se destine. En realidad la solución pasa por una acción político militar que restablezca los derechos humanos, el orden y el imperio de la ley en aquellos desamparados lugares (casi una nueva colonización de África). La creación de unas condiciones que den oportunidades de libertad, de democracia, y sobre todo de trabajo para prosperar poco a poco entre aquellas gentes tan castigadas, que además también necesitan formación educativa que erradique el analfabetismo. Eso sólo será posible con la ayuda de las antiguas metrópolis democráticas que garantizan los derechos humanos, así como la involucración de Estados Unidos, que como sabemos, es un país pluri racial, y además con un presidente de origen africano de zona de Kenia, Barack Obama. Ayudar a África es muy necesario para la paz mundial, y no sólo por eso, sino también por una cuestión de justicia que debemos los que vivimos una vida más afortunada y segura, con aquellos que viven en la desgracia y en el desamparo. Mientras aquí los más desamparados tenemos algo de protección social, tenemos servicio sanitario gratuito, la pensión del abuelo que nos permite una sopa boba, los contenedores de basuras donde se encuentran restos comestibles que hervir y comer, etc...., allí carecen de ello, por ejemplo, de medicinas y vacunas, y en medio del permanente estado de guerra, la gente sobrevive comiendo hojas o raíces, frutas de árboles de la selva, insectos, bebiendo agua de la lluvia, o del río, sin garantías sanitarias,...como los animales, como el pariente más próximo del hombre: el mono. Mientras aquí todos nos desplazamos en coche de un lugar a otro, sea para trabajo o cualquier otra necesidad o pasatiempo, allí tienen que recorrer muchos kilómetros con una garrafa, tan sólo para conseguir algo de agua, especialmente por parte de las mujeres. Mientras aquí dormimos bajo el techo de una vivienda propia, hipotecada, o alquilada; allí duermen a la intemperie, a merced de los depredadores. En fin, resolver la situación africana, creo que pasa por una acción generosa y solidaria, donde se impliquen las partes más poderosas y ricas a nivel mundial, porque en el fondo también se trata de un problema a nivel mundial, y cuando África empiece a salir de su retraso, a civilizarse, y a hacer desaparecer las lacras de la guerra, del hambre y de la enfermedad, el mundo empezará a estar algo mejor y a ser un lugar más seguro, a pesar de los defectos de las razas humanas, muy dadas a ejercer la violencia y el afán de dominio entre sus propios hermanos de raza. Una especie de Plan Marshall como la que Estados Unidos ayudó a una Europa destrozada por la guerra, sería algo parecido que ayudaría a salir de la miseria y del retraso africano. Pero surgen algunas dudas y complicaciones que cuestionan la efectividad de esas posibles ayudas e implicaciones de países más libres y ricos: recuerdo que una vez, hace ya muchos años, me comentaba alguien que había ido a un lugar de África que no me acuerdo donde, para participar en ayudar a aquellas gentes: se les enseñó a cómo trabajar el campo, a cómo montar regadíos,...pero luego el problema estaba en que aquellas gentes eran reacias a la idea de trabajar, porque para la mentalidad de aquellas gentes, la vida es vivir, no trabajar ni estar pendientes del tiempo ni de las prisas. Y sin el espíritu de trabajo, dudo de que un país logre salir de su retraso; pues recuerdo que en los años 80, el entonces presidente de Estados Unidos Ronald Reagan dijo que se esperaba que al llegar el nuevo milenio del año 2000, el hambre habría desaparecido del mundo, y por lo que veo no es así, y aún en algunos casos estamos peor, y con una pasividad más inhumana que nunca. O el trato que tienen con las mujeres, como por ejemplo, esa cruel extirpación del clítoris que se practica en varios países africanos como una tradición cultural y religiosa. Curiosamente allí, como en el resto del mundo, la liberación de la mujer viene reflejada en el modo al que la obligan a vestirse, siendo el velo en la cabeza la famosa triste prenda que ya todos conocemos, por no mencionar el burka. Pienso que una sociedad es libre y avanzada, cuando las mujeres pueden vestir de manera cómoda y libre. En casi todas partes del mundo, al ser la mujer el más débil del sexo humano, ha tenido que aceptar las imposiciones del sexo masculino, más fuerte físicamente a cambio de protección y amparo, pero esto ha venido acompañado de constantes abusos que por todas partes se refleja en el modo de vestir impuesto a la mujer. En los lugares y épocas que la mujer era libre, como los tiempos de los grecos-romanos, del neoclasicismo, o los actuales en las sociedades occidentales avanzadas,...las mujeres vestían prendas cómodas con las que, al mismo tiempo resaltar su belleza física; en las sociedades retrasadas, donde se respetan poco los derechos humanos y las mujeres no son del todo libres, curiosamente dicha falta de libertad es proporcional a la manera de llevar totalmente cubierto el cuerpo. Para salir del retraso, ciertos prejuicios seculares para con las mujeres también deberían de ser superados. Cuando la libertad y los derechos humanos dignifiquen a todos los países del mundo, en él habrá más paz, seguridad, y convivencia. Para eso se supone que se hizo la ONU, con su declaración de Derechos. Pero bien hizo el coronel libio Muhamar El Gaddafi, uno de los líderes de la independencia africana que aún perdura desde los años 60: la última vez que tuvo oportunidad de dirigirse a la tribuna de oradores de la ONU, les enseño la carta de derechos humanos que allí se elaboró, y la arrojó al suelo con desprecio, como una manifestación de que aquello es como un papel mojado, y que no existe una verdadera voluntad de aplicarlo a nivel mundial. Ciertamente desde siempre y hoy por hoy, los países más afortunados tienen sus propios problemas domésticos, como para implicarse, solidarizarse y ayudar a los otros países más desgraciados y necesitados. Pero es de esperar que aún día se imponga el sentido común, y los hombres seamos lo suficientes sabios y generosos como para saber resolver los problemas domésticos, y ayudar a los otros menos afortunados.

Y termino mi publicación de hoy. Por eso quiero constar por esas Navidades un generoso recuerdo para aquellos que sufren involuntariamente, y con el expreso deseo de esperanza y de que algún día poco a poco allí las cosas mejoren, aunque hoy por hoy sabemos que es difícil, pero no imposible. Como decía Julio César al tropezar en su salto para pisar tierra africana: “¡África, te saludo!”, como un presagio de poder tener ahí buena suerte (y la tuvo, al derrotar allí a sus enemigos, y restablecer de nuevo el orden y la paz en lo que era provincia del imperio romano). Saludemos a África, y la ayudemos, sobretodo cuando hayamos terminado ya de resolver nuestros propios problemas domésticos, que son serios, graves, y reclaman toda nuestra atención. Feliz Navidad a todos, y paz para las gentes de buena voluntad.