jueves, 12 de agosto de 2010

PRIMARIAS A LA ESPAÑOLA


Se acercan elecciones para renovar el poder autonómico y el poder municipal, empezando por las catalanas de otoño. Para las autonómicas de Madrid, ya se han convocado unas primarias dentro del partido, algo que no es frecuente, aunque el PSOE es quizás el partido español más antiguo, compacto y disciplinado que ya cuenta con unas pocas, pero sonadas primarias en el sí de su partido: basta recordar la disputa entre Joaquín Almunia y José Borrell, para ocupar el puesto del entonces presidente Felipe González, o la del actual presidente Zapatero que ganó contra el carismático José Bono por muy poco margen gracias a los votos de los socialistas catalanes procedentes del PSC.

Y del PP, que ni siquiera nunca ha tenido unas primarias que digamos, sino delfines y sucesores, como el caso del olvidado Hernández Mancha, o el ex presidente José María Aznar, ambos apadrinados por el fundador del partido Manuel Fraga, o el caso de Mariano Rayoy, designado sucesor por Aznar. Y lo mismo decir del actual candidato de la coalición catalana Convergència i Unió, cuyo actual cabeza de cartel Artur Mas, fue el delfín designado por el ex president Jordi Pujol. Esa escasa práctica y normalización de elecciones primarias internas dentro de los partidos políticos de nuestro país, los hace sospechosos de auténtica democracia interna, puesto que al final siempre acaba imponiéndose el aparato del partido.Naturalmente los viejos cuadros quieren que todo siga igual como está, para aprovecharse del corporativismo de los cargos de los que viven, pero los ciudadanos no soportan eso, y saben que lo que necesitan es una auténtica democracia, y además necesitan sentir que es en una auténtica democracia en la que están. Por eso algo habría de cambiar en nuestra vieja España.

Todo lo que sea abrir los partidos, bajar a tomar decisiones de la cúpula a las bases, democratizarlos en suma, es bueno. Nuestro país necesita partidos con mayor convocatoria de elecciones primarias internas dentro de los partidos políticos, y mayor variedad de candidatos, en las que se dé la posibilidad de que cualquier militante de cualquier rincón de España pueda ser el candidato para disputarse la presidencia del gobierno español, o en su caso el gobierno autonómico, o municipal. Ahora ya conocemos los sonados casos de los candidatos del PSOE Trinidad Jiménez (apoyada por el presidente Zapatero) y Tomás Gómez (apoyado por una mayoría de alcaldes socialistas madrileños) para presidir la Comunidad de Madrid, por no hablar del candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid Jaime Lissavetzky (el candidato patrocinado por Zapatero) el cual ni siquiera tiene rivales dentro del partido para disputarle su candidatura al sillón de la Villa y Corte. Desgraciadamente en nuestro país no tenemos cultura ni costumbre de primarias, y por eso los partidos están tan distantes de los ciudadanos, y su manera de funcionar es de dudosa forma democrática. En Estados Unidos, por ejemplo, cuando alguien quiere ser presidente, no son dos o tres los que disputan la candidatura, sino unos cuantos y a veces muchos, que al final salen nominados los ganadores de las primarias de cada partido. Precisamente el buen ejemplo que nos hace mucha falta aquí en España, para evitar que la casta de políticos se apoltrone y haga lo que le dé la gana, distanciándose de los ciudadanos, tal como lo estamos viviendo hoy en día.

Si bien los partidos son necesarios para formar una fuerza política común a nivel nacional, sería bueno también que nuestro país pudiera contar con un complementario sistema de listas abiertas, en las que se pudiera presentar candidato cualquier ciudadano sin necesidad alguna de pertenecer a ningún partido, por aquello de no tener que acatar la disciplina de voto de partido. Eso haría posible que, independientemente de su condición social y circunstancia, las personas más preparadas y brillantes de nuestro país pudieran ser de utilidad aprovechando su talento y su preparación al servicio del país. Eso podría hacerse posible con una mayor división de poderes, y con la creación de una tercera cámara de parlamentarios donde tuvieran escaño únicamente las personas elegidas por listas abiertas, y con funciones de deliberar, proponer leyes, vetar, etc...., que necesita un estudio profundo y una ley que lo haga compatible con la mayor libertad y democracia en favor de un mejor y más competitivo servicio representativo al pueblo español. Eso ayudaría mucho a combatir la corrupción en la cosa pública, y a aprovechar mejor a aquellas personas que encuentran el paso cerrado a través del sistema de partido.

Ahora bien, si por un lado podemos crear una democracia más libre y mejor, por el otro corremos el peligro de empeorarla si abrimos el derecho al voto a todas aquellas personas y partidos de origen extranjero que se están implantando en España. Los únicos patriotas que puedan haber en España, son los propios españoles. España ha de ser para los españoles. Pero legalizar partidos extranjeros, o consentir derecho de voto y de ser candidatos en España a personas que no son de origen español, podría llevar a nuestro país a la decadencia, la desmembración, y a un callejón sin salida con las puertas abiertas a la entrada de toda clase de males, cuyo recuerdo más reciente han sido todas esas guerras en la antigua Yugoslavia entre gentes de diversas nacionalidades, etnias y religiones,....algo que debemos de evitar en nuestro país. A la vista del grave silencio de los partidos políticos acerca de ese tema, deja en el aire una gran incógnita: ¿al final cómo acabará esto, con tanto extranjero en nuestro país?.