martes, 19 de enero de 2010

DOS RELATOS DE LA GUERRA CIVIL: EL ENEMIGO Y EL AMIGO


Tenía 7 años, y la comunión recién cumplida (tal como mandaba la tradición), cuando iba a las clases de Doña Enriqueta en la única escuela rural que había en el municipio, y en donde acudían los chavales de todas las edades, todos en la misma clase y con la misma profesora, aunque los pupitres se dividían en distintos grupos según las edades. Era la escuela de Miánigues, actualmente y desde hace unos años reconvertida en guardería municipal. Por eso todos los coetáneos y de edades parecidas de todo el municipio nos conocemos bastante. La clase la presidía un gran retrato del General Franco, cuando todavía tenía una calva menos pronunciada que la mía, con un austero uniforme, y con un abrigo militar colgándole tras sus hombros. Atrás de la clase, en un armario había una pequeña biblioteca, de la que me acuerdo vi un interesante libro escrito por un tal Adolf Hitler, con la portada en la que se veía su cara con su característico bigote, encima de una cruz gamada, que se tituba “Mein Kampf”, aunque por dentro estaba escrito en castellano; y junto a ese libro, el “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez. Y la profesora, aunque cumplía con su función de maestra, tenía una cara de un metro de larga, y de una seriedad exasperante, que nunca sonreía. Vamos, algo parecido a la Señorita Rotenmeyer, de la serie “Heidi”.

No me acuerdo bien si aquello fue la clase de religión o de historia, pero si se usaba la metodología de enseñanza franquista en la que entre los deberes a hacer, se debía de recitar y recordar de memoria todo un párrafo. Uno de los más cortitos del que todavía me acuerdo era “Las armas son muy peligrosas, los niños no deben tocarlas; los adultos sólo para la caza, y en caso de guerra”. Se habló de uno de los relatos de guerra, que se supone que debía de ser la batalla del Ebro, sobre nuestra Guerra Civil Española, donde se explicaba la gesta de uno de los heroicos soldados nacionales lanzándose al río cuando vio a un soldado republicano que se estaba ahogando en él y pidiendo socorro, para ayudarlo y salvarlo. ¿Y por qué has hecho eso?, -le preguntó el teniente franquista a su soldado-. Porque los enemigos son también hermanos nuestros –fue su respuesta-. Y la clase quedó terminada en aquel día, aunque desde siempre me ha acordado de ese relato, cuyo mensaje creo que era más o menos: “los españoles somos herederos de gloriosas tradiciones y valores”. No me extenderé de que también se hablo del cerco Numancia, o del episodio de Agustina de Aragón, una catalana de Reus, defendiendo Zaragoza,...entre muchos otros hechos históricos de los que todavía me acuerdo, después de cuarenta años más tarde. Naturalmente, a diferencia de tiempos actuales, no debemos de olvidar que aquello era la escuela franquista, que algo de cuartel militar tenía, si es que no recuerdo mal.

Lo que me llevó a recordar otro relato del cual también quedó retenido en mi memoria, aunque esta historia no me la explicaron en la escuela, sino un viejo peón de la construcción, que había servido en las filas del ejército republicano, llamado Don Raulio, que me mostró orgulloso su fotografía de soldado repúblicano con el uniforme. También hacia referencia a la batalla del Ebro, en la que La República hacía un último y desesperado esfuerzo en contener el avance del ejército rebelde, con la orden de “los soldados de atrás tienen orden de disparar a los que estando delante se batan en retirada”, cosa que provocó toda una carnicería entre el avance de las tropas franquistas y la prohibición de retirarse de las tropas republicanas. La historia me la explicó el mencionado manobra ( que era extremeño), que me dijo que el ejercito republicano lo mandaba Lister, “el Campesino” a quien conoció en persona, aunque a mí me da la sensación de que se equivoca, porque el apodo de “el Campesino” pertenecía a otro de los jefes republicanos llamado Valentín González, y del general Lister, no me acuerdo si estaba entre el puesto de mando del ejército republicano en la batalla del Ebro, puesto que libros de historia sobre nuestra guerra civil, también he leído hace ya muchísimo tiempo.

La historia que me contó es la siguiente: Empezaba a anochecer, y al parecer ambos bandos se daban una pausa en los terribles combates. Los nacionales habían atravesado el río, y habían avanzado unos centenares de metros de la línea del frente, ganándoles terreno a los republicanos. Nos encontramos dentro de una trinchera de las líneas republicanas:

“No veo entre nosotros a mi compañero, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo –le dijo un soldado republicano a su teniente-.

Permiso denegado. - le respondió el teniente - . No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto, bastantes hombres he perdido ya.

El soldado haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó a la trinchera mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.

El teniente estaba furioso: ¡Ya le dije yo que había muerto! –le gritó- .Y sorprendido por la gesta, al verlo terriblemente herido y llevando consigo el cadáver de su amigo, no pudo evitar preguntarle, ahora un poco más calmado: soldado, ¿merecía la pena ir allá para traer un cadáver?

Y el soldado, moribundo, respondió: Pues para mi sí, señor! .Cuando lo encontré, él todavía estaba vivo y pudo decirme: - ¡Estaba seguro que vendrías!

La moraleja de estos dos interesantes relatos es la siguiente: Un verdadero amigo es aquel que está ahí contigo cuando todos los demás ya ni piensan en ti. “UN VERDADERO AMIGO ES AQUEL QUE LLEGA CUANDO TODO EL MUNDO SE HA IDO". Un verdadero amigo es aquel que te acepta como eres, que te consuela cuando estás triste, que te acompaña en las situaciones difíciles, que comparte tus alegrías y tus penas, que cuando te caes, te sostiene, que sin que se lo pidas, sabe cómo ayudarte, que siempre te lleva en su corazón, que te tiene como un hermano,....y que incluso, cuando es necesario es capaz de dar su vida por ti. Por eso la verdadera amistad es algo tan valioso, que es tan difícil tener buenos amigos, y tan difícil merecerlos. Por otra parte, tu enemigo también puede llegar a convertirse en tu mejor amigo, si caído en desgracia, tienes la generosidad de ofrecerle tu mano para sostenerle. La amistad sólo está hecha para los corazones nobles y generosos.