viernes, 1 de enero de 2010

MI CARTA ABIERTA A SUS MAJESTADES, LOS REYES MAGOS



Queridos Reyes Magos:

Hoy es primer día del año, y he pensado que la primera carta que tenía que escribir debía de ser la vuestra, antes de empezar a escribir la otra montaña de correspondencia que tengo pendiente para el complicado año que empieza. Pero quizás se perderá o no vais a tener tiempo ni para leerla, después de que por esas fechas millones de niños y adultos os están escribiendo ilusionadamente, cada cual pidiendo lo suyo con esa ilusión del niño que todos tenemos dentro. Da igual si no llegáis a leerla; seguramente ya estaréis cansados de repetir la misma rutina de leer las mismas chorradas cada año, aparte porque las cosas que voy a pediros no son juguetes, ni creo que esté en vuestras manos poder traerlas.

Majestades: imagino que muchas personas de las que os escriben os piden lo de siempre: unas amor, paz, salud, felicidad, trabajo, dinero,..... Otras os piden: una bicicleta, una muñeca como el de la señorita Pepis, una pelota, un ordenador, una game-boy, unos patines, el mecano, unos patines, los “juegos reunidos”, el scalectrix,...., y encima os dicen que se han portado bien. Para los otros que se han portado mal, ya sabéis, no le lleváis nada, o en el supuesto de los casos, les ponéis carbonilla en los calcetines, a ver si con eso en el presente año se portan bien, y la próxima vez les traéis algún regalo.


Yo no voy a pediros ni una cosa ni la otra porque ya soy mayor y ya he tenido cada una de esas cosas, así que no pienso aburriros, porque si esta vez tuviera que pediros algo, eso es un regalo especial que sé que no me lo podríais traer desde el Cielo, y que es sólo asunto que nos incumbe a los hombres que estamos en la Tierra.

Majestades: yo sólo pido que traigáis un poco de cordura y buena voluntad entre los hombres, en medio de todo este mar de locura y de estupidez humana. Para que entre todos actuemos y seamos capaces de aportar nuestro grano de arena en resolver el paro y la miseria; hacer una sociedad donde cada vez nos sintamos más libres y no tengamos que pagar más impuestos; donde hayan más escuelas, más bibliotecas, y menos cárceles (es decir, más maestros, más cultura, y menos jueces y policías); más ricos y menos pobres (es decir, más espíritu de trabajo, y menos holgazanería); un lugar donde cada uno pueda tener su casa con agua caliente; un medio ambiente más limpio y menos contaminante; un planeta donde haya más paz y menos guerra. La ciencia y la capacidad de trabajo necesaria para que la única guerra que existiera en el mundo fuera la lucha para vencer a las enfermedades.

Creo, Majestades, que en la vida y en el mundo tenemos una leyenda negra: “La Caja de Pandora”: alguien la abrió, y se extendieron por todas partes todos los males de los que desde siempre nos lamentamos los seres humanos. Esos males provienen de esa clase de personas defectuosas e imperfectas que conllevan los variados calificativos de: Engreídos, imbéciles, parásitos, soberbios, ladrones, altaneros, mentirosos, arrogantes, difamadores, envanecidos, garrapatas, estafadores, chorizos, petulantes, sinvergüenzas, insolentes, flojos de mierda, necios, descarados, timadores, envidiosos, corruptos, avaros, vendidos, cabrones, golfos, pérfidos, caraduras, falsos, canallas, chupones, malévolos, inútiles, peseteros, vagos de mierda, tramposos, gilipollas, chupa-sangres, manipuladores, etc.. etc.. (sé que la lista de malas personas es muy larga, y que las palabras que las definen nunca son suficientes ). Y de ellos proceden todos los males que tenemos en el mundo. Por ello, Majestades,...si algo os tuviera que pedir, seria un poco más de cordura y educación, que terminara formando unas personas con mayores virtudes en vez de los mencionados defectos, para que la vida entre las personas pudiera ser más digna, que hubiera un poco más de amor y sentido común, para que desapareciera la violencia, y con ello la injusticia, la discriminación, los absuros fanatismos y prejuicios que desvirtuan los derechos humanos, la lacra del hambre, las absurdas guerras, el terrorismo ciego, la ignorancia, el abandono al enfermo y al débil,...., y hacer de nuestro mundo un lugar más justo para nuestros hijos antes de que me llegue la hora de tener que ir al Cielo. Sé que me dejo muchísimas cosas más por pediros, pero no quiero excederme.

Todavía soy algo joven, y así me siento, Majestades, y deciros finalmente en mi aburrida carta de hoy, que me gustaría poder seguir viviendo para ver lo que sencillamente pido, porque creo sencillamente que en esto: en la educación, en el buen espíritu de trabajo, y en la buena voluntad, está la esperanza de un mundo mejor, esa cosa en la que muchos ya han perdido la fe, y que no debiera de ser así. “Mientras hay vida, hay esperanza” nos decían los antiguos romanos, y eso nunca debiera de perderse, Majestades.

Sé que tomaréis nota de mi importante petición, y por eso os doy las gracias por anticipado, Majestades.

La noche del día 5 de enero, cuando vengáis a saludarnos a nuestro pueblo, mis hijos y yo vendremos para daros la bienvenida.

Quisiera comentaros más cosas, pero por ahora tengo que finalizar mi carta, porque siendo el primer día del año, me voy de excursión a disfrutar del día con mis hijos. Hasta entonces, Majestades.