sábado, 16 de enero de 2010

TERREMOTO DE HAITÍ: LA SOLIDARIDAD ENTRE LA HIPOCRESIA Y EL OPORTUNISMO POLÍTICO.

No para el aluvión mediático sobre el terremoto de Haití y la solidaridad internacional de tal modo que parece que el dinero sale como a espuertas escondido de las arcas de esos gobiernos de países “ricos” (pero igualmente afectados por una crisis económica) que aparentemente hacen ese gesto solidario cara a la galería mundial, para no parecer insensibles.

El actual episodio del terremoto de Haití no es el peor de los conocidos en la Historia, pues cabe recordar el reciente tsunami de la zona de Indonesia-Sumatra, de Japón (Kobe), de Armenia, de Los Ángeles, de Ciudad de México, o de Guatemala o Nicaragua,....por no ir más atrás en el tiempo, en los que, como ahora en Haití, afectaron a muchos miles de personas, costaron muchísimos miles de millones en dinero, y quedaron en el olvido. Los movimientos sísmicos, son cosa bastante normal, que pueden darse en cualquier parte del mundo, pues el interior de nuestro planeta se mueve, por las diversas capas y los movimientos internos. Inevitablemente todo esto ha traído a Haití devastación y desastres involuntarios, creando mucho dolor y desesperación entre la gente afectada, que ahora se revuelve entre los escombros de este país asolado, que ya conocía la miseria, porque era uno de los países más pobres del mundo. Casualmente ha sido un accidente del destino, en uno de los lugares más pobres del planeta, donde el retraso y la miseria ha sido la constante permanente de cada día, donde la gente que no tiene para comer, busca la comida en los cubos de basuras, o se hacen una pasta con hojas, raíces, y bichos para alimentarse, bebiendo agua de cualquier fuente o río que encuentren al paso, y durmiendo en la intemperie donde en este país el clima es bastante benigno. Es curioso que ahora, de repente salen todas esas voces solidarias, toda esa gente que se involucra en ayudar a los demás, todas esas atenciones de los distintos gobiernos, todo ese dinero público contante y sonante para ayudar a aquellas gentes desgraciadas,....cuando en nuestro propio país ya tenemos bastantes problemas que también afectan a muchísimos miles de españoles, como es el paro, ...y el gobierno de nuestro país no le dedica tanta atención, tantos recursos y dinero, como para resolver lo que es el desastre de nuestro propio país, pero sin terremoto natural. Por poner un ejemplo, en nuestro propio país, nadie presta atención al detalle de que entidades altruistas y sin ánimo de lucro como es Caritas está desbordada y desde hace un tiempo ya no dispone de los suficientes medios y recursos para atender a esos miles de personas afectadas por el paro y la crisis económica, de la que nuestro propio gobierno la ignora; mientras que ocurre un terremoto en un lugar que nos es ajeno, como Haití, y de repente acapara la atención del gobierno que saca millones y recursos de no se sabe dónde ( se supone claramente con cargo al ya gravísimo y escandaloso déficit público que arrastramos en España), con tanta atención del propio Presidente del Gobierno que coordina la ayuda europea, hasta el punto de molestarse en enviar a la vicepresidenta Fernández de la Vega y a su Secretaria de Estado para la Cooperación, para que vayan en el mismo lugar a analizar cómo ayudará tan generosa y desinteresadamente España a ese país que no es el nuestro con dinero del erario público (no con donativos de sus fabulosos sueldos de políticos, que son un insulto a los parados y a los contribuyentes), por cuenta de dedicar la misma atención, la misma voluntad, el mismo dinero, y los mismos recursos, a la gente de nuestro propio país que de verdad sí reclama la atención y los recursos de nuestro propio gobierno, pues más de 4 millones de parados españoles injustamente dejados de lado no son menos importantes que un desafortunado terremoto en un país que nos es ajeno. No se puede ser más hipócrita. No digo que no deba de serse solidario y ayudar a la gente necesitada, pero considero que primero hay que resolver los problemas de nuestra propia casa, de nuestro propio país, que es a quienes hay que dedicar todas estas atenciones, energías y recursos, antes de malgastarlas con gentes que nos son ajenas, por muy insolidario que pueda parecer este comentario en las opiniones de algunos.

Por otra parte, parece como si la excusa del desastre de Haití fuera como una cortina de humo, para distraer de los problemas de nuestro propio país y ocultar la incapacidad tanto del gobierno como de la oposición en arreglarlos,.....que en esto sí que no existe la voluntad, el dinero, los recursos, y la solidaridad en resolverlos. ¡ Vaya toda una hipocresía de los políticos españoles!. Pero si miramos desde otro ángulo, nos podemos fijar que ese terremoto ha sido la excusa perfecta para permitir a EEUU ampliar su área de influencia en el país caribeño, desplazando allí de momento como mínimo a 10.000 soldados estadounidenses (más soldados que los que tenía el propio ejército de Haití), así como esa lluvia de millones de dólares estadounidense para la “reconstrucción de Haití”. Tras todo eso, está el cerco a Cuba, uno de los pocos bastiones que quedan del comunismo, junto con Corea del Norte, siendo el recién desvastado país caribeño un lugar de muchísima importancia estratégica con la que poder vigilar los movimientos de Cuba, que afectan a la seguridad estadounidense por estar demasiado cerca de quien todavía se sigue considerando como el gendarme del mundo, y que se lo toma como una cuestión personal. La verdad, más que ayudar a los haitianos, lo que hace Barack Obama, es aprovecharse de la situación para convertir a Haití en un país satélite bajo la órbita de Estados Unidos con los que hacer de contrapeso a las influencias de la Cuba de Fidel Castro (que la sigue controlando desde la sombra, a través de su hermano Raúl), y de la Venezuela bajo la camuflada dictadura de Hugo Chávez. Y todo eso con una entrada insignificante de aportación en dinero de EE.UU, si se compara con todo el coste que ha supuesto la ocupación de Irak y Afganistán, donde priman los intereses petrolíferos y de control de células terroristas islámicas.

Por consiguiente, cabe destacar también la enorme chapuza de esa ayuda que no llega de verdad a la población de Haití: puesto que lo lógico sería haber hecho lo siguiente desde el primer minuto tras calmarse el sismo: ocupar militarmente y despejar todos los escombros del perímetro del principal aeropuerto (el de Puerto Príncipe, capital de esta inestable república bananera) para que pueda recibir en condiciones el aterrizaje de los aviones internacionales que llevan la ayuda en alimentos, medicinas, y medios humanos, así como construir a su alrededor almacenes improvisados con los que organizar la logística de la ayuda internacional, y poder abrir el camino para que lleguen las retros de retirar escombros, los bomberos para los rescates, los médicos para atender a los heridos, y los voluntarios para ayudar en los numerosos quehaceres,....todo junto con sus coches, camiones, helicópteros, y equipos. Así como apilonar todos los cadáveres que se encuentren al paso rociándolos con gasolina y quemarlos inmediatamente, o hacer fosas para enterrarlos rápidamente, ambas medidas que hay que tomar con la máxima rapidez para evitar la contaminación y la formación de epidemias que van a inutilizar por mucho tiempo la operativa de toda esa ayuda. Así, también, como efectuar el bombardeo de cajas con ayuda de alimentos, botellas de agua potable, y medicinas básicas por todo el territorio afectado por el terremoto como medio de llegar entre la gente que ha quedado dispersa. Esa es la gran chapuza de la que no habla nadie en los medios de comunicación.

Y por si fuera poco, existen otras partes del mundo, con gente en peor situación que la del terremoto, donde sufren guerras, hambre, falta de agua, enfermedades, y que igualmente necesitarían toda esa sorprendente ayuda solidaria internacional que ahora estamos viendo en el caso de Haití. Es toda una prueba de cómo de verdad funciona esa supuesta ayuda, y de toda la hipocresía política que la envuelve.

Igualmente pronto se olvidaron el huracán Katrina, en el propio territorio estadounidense, dentro de unos días o semanas, igualmente se van a olvidar de Haití, pero los listos aprovecharán los réditos políticos derivados de la desgracia que le ha tocado padecer a ese país, y las cosas no habrán cambiado demasiado en nuestras vidas.