domingo, 20 de marzo de 2011

LA HORA DEL AJUSTE DE LAS CUENTAS ESPAÑOLAS



Cálculo aproximado de la deuda pública española, según los expertos: 1 billón de euros

Eso son 1.000.000.000.000 euretes.

Según el padrón municipal del año 2008, teóricamente en España somos 46.063.511 habitantes.

De un billón de eurillos divididos entre 46.063.511 supuestos españolitos (porque no todos son legítimos españoles, naturalmente), sale aproximadamente:

21.709 millones de euros a pagar por cada “españolito” que en vez de con una barra de pan, parece que ha venido al mundo con una hipoteca a perpetuidad que le ha dejado el presidente Zapatero a efectos del presente año 2011.

Eso representa, por ejemplo, para una vida media de 80 años, estar obligado a pagar cada día 743.459 euros aproximadamente, el valor de una gran mansión, como si cada uno de nosotros fuéramos más ricos que cualquier jeque de los petrodólares. Unas cifras de vértigo, como para suicidarse.


Por otra parte, para poner un ejemplo más cercano, la deuda de la Generalitat catalana asciende a poco más de 32.000 millones de euros, y hay aproximadamente 7,5 millones de habitantes, por lo que cada supuesto catalán (porque no todos son catalanes legítimos, naturalmente) debe pagar por la Generalitat unos 4266 euros para dejarla de nuevo sin déficit. Si las cuentas se llevaran así en una familia, muchas serían las que estarían en la completa ruina y miseria.

Y ahora la pregunta del millón: ¿cómo se arregla esto?. Pues supongo que trabajando para generar con ello más riqueza y más dinero. Entonces la solución es crear empleo (cosa que ningún político se preocupa de que sea posible, por desgracia, tratando todo el mundo de sobrevivir como pueda). Eso significa, también, eliminar un montón de leyes y normativas que desmotivan a la iniciativa creadora de puestos de trabajo, así como quitar los impuestos, que al final sólo sirven para repartir más miseria. Y tratándose de la enorme deuda, hará falta un verdadero milagro para saldarla completamente. Y eso de que estamos sumidos en una gravísima crisis económica: tenemos un paro alarmante, sube todo: luz, agua, gas, alimentos, impuestos, etc…, pero los salarios no sólo bajan, sino que además pierden poder adquisitivo. Ojalá que los políticos cobraran el salario mínimo: entonces es de suponer que si se animarían a arreglar un poco lo mal que está la cosa. Mientras tanto que Dios os acoja confesados.