viernes, 30 de julio de 2010

LOS GIRASOLES CIEGOS


El título de esa película de José Luis Cuerda, viene, según el superior de un seminario que aparece en el film, de una cita de la Biblia para indicar a aquellos que han perdido el rumbo, que andan como confusos, que al no ver el sol, andan como perdidos. He visto esta interesante película de fuertes tintes dramáticos ambientada en un pueblo de la Galicia de justo tras la guerra civil, en 1940, que trata de la crisis de vocación sacerdotal de un joven seminarista, que había participado en la Guerra Civil llegando al grado de alférez del ejército nacional. Expuesta su crisis vocacional, el superior del seminario le manda como maestro a un colegio de curas donde conocerá a una madre y su hijo, víctimas pasivas de la anterior guerra, y que tiene que ocultar una hija mayor embarazada que huye a Portugal con su prometido, y a su marido en un rincón oculto de la casa, para poder escaparse de las posibles represalias de los vencedores que lo rastrean todo.



El joven sacerdote, ex-heroe de guerra, se quedará impresionado y atraido por aquella mujer, que envuelta en unas circunstancias delicadas, trata como puede de capear los acontencimientos que llegan a desbordarla. Aunque influido por la represiva moral de la época, el propio aprendiz de sacerdote se dejará llevar por las mismas "tentaciones de la carne" que él mismo reconoce como "pecado original", siendo eso causa de su propia perdición.


Eso me hace recordar los tiempos franquisas de la rígida moral en plan catecismo del padre Mazo Ripalda, en la que la religión tenía mucho peso en una sociedad donde los vencedores se pusieron del lado de la Iglesia, muy perseguida por parte de la República. Esa Iglesia tan perseguida y repudiada antes de que venciera la Cruzada franquista, salió muy fortalezida ofreciendo su apoyo y complicidad con el nuevo régimen de Francisco Franco, y tenía gran peso en dictar las normas de moralidad de la época. Unas normas de las que no todos se adaptaban llevando una doble vida, causando graves trastornos de personalidad, tanto entre hombres como entre mujeres, que tuvieron que ir creciendo en la desconfianza, la ignorancia y el miedo, en un duro ambiente de posguerra.

Es un película que ayuda mucho a entender la represión, miserias, persecución, hipocresía, y dureza de los primeros años de la postguerra, donde se ve al clero como elemento clave de aquella sociedad, tanto por cuanto hace de dedicarse a la enseñanza imponiendo su modelo de "moralidad", como por factor de mucha vinculación política con el nuevo régimen del vencedor.

No obstante quisiera acompañar a ese comentario lo que una vez escribió José Saramago sobre la religión, y que da para reflexionar: "No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona."